Jean Marc Nattier – Mademoiselle de Clermont en sultane
Ubicación: Wallace Collection, London.
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Aquí se observa una escena que transcurre en un espacio arquitectónico de carácter orientalista, presumiblemente un harén o cámara privada. Una mujer, vestida con una indumentaria que evoca la moda otomana –un sultán– ocupa el centro visual del cuadro. Su postura es relajada, incluso desafiante; se sienta sobre lo que parece ser un cojín o diván, con las piernas cruzadas y una mano apoyada en su muslo, gesto que denota autoridad y despreocupación. La mirada de la mujer está dirigida al frente, estableciendo un contacto directo con el espectador, lo cual genera una sensación de intimidad y dominio.
El entorno inmediato se anima por la presencia de varias figuras masculinas y femeninas, también ataviadas con ropas que sugieren origen oriental. Algunas parecen atender a la mujer principal: una figura femenina le ofrece un paño, mientras otra parece estar ocupada en tareas domésticas o personales. Los hombres, situados en los márgenes del cuadro, observan desde cierta distancia, algunos sosteniendo instrumentos musicales como tambores y panderetas, lo que sugiere una atmósfera de entretenimiento y celebración.
La paleta cromática es rica y vibrante, con predominio de tonos cálidos –rojos, dorados, ocres– que acentúan la opulencia del escenario. El uso de la luz es igualmente significativo; ilumina principalmente a la figura central, resaltando su presencia y creando un contraste con las zonas más oscuras del fondo. La alfombra sobre el suelo, con su intrincado diseño geométrico, añade una capa adicional de exotismo y sofisticación al conjunto.
Más allá de la representación literal de una escena orientalizante, esta pintura plantea interrogantes sobre la percepción europea del Oriente en el siglo XVIII. La figura femenina, vestida como sultana, puede interpretarse como una fantasía exótica, una proyección de deseos y anhelos de poder y libertad que quizás no se permitían a las mujeres occidentales de la época. La presencia de los sirvientes, representados con rasgos distintivos, podría ser vista tanto como un reflejo de jerarquías sociales existentes en el Oriente percibido, como también una forma de exotización racial. La escena, en su conjunto, invita a reflexionar sobre las dinámicas de poder, la representación cultural y la construcción de identidades en un contexto histórico marcado por el colonialismo y la fascinación por lo desconocido. La aparente despreocupación de la mujer principal, junto con la atmósfera festiva que la rodea, podría sugerir una crítica sutil a las convenciones sociales de su propia época, o bien, simplemente, una celebración del lujo y la fantasía.