Durer Engravings – Rejected victim Jehoiakim
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La atmósfera general es opresiva; se percibe una sensación de solemnidad mezclada con desconfianza e incluso hostilidad. Los personajes que rodean la mesa exhiben una variedad de expresiones: algunos parecen absortos en la discusión, otros muestran signos de impaciencia o disgusto, y algunos más observan con una curiosidad casi morbosa. La minuciosidad con que se han detallado los rasgos faciales contribuye a esta sensación de realismo psicológico; cada rostro parece contar una historia propia.
La arquitectura del espacio es notable por su crudeza y falta de ornamentación. Las cortinas pesadas, aunque intentan suavizar la austeridad del entorno, no logran ocultar las paredes desnudas y el arco deteriorado que domina la escena superiormente. Este deterioro arquitectónico podría interpretarse como una metáfora de la decadencia moral o política de los personajes representados.
En primer plano, un niño pequeño se encuentra inclinado sobre un objeto rectangular que parece ser un pergamino o una tablilla con escritura. Su postura y expresión sugieren una mezcla de curiosidad e inocencia frente a la gravedad del asunto que se desarrolla en la mesa. Esta figura infantil contrasta fuertemente con los personajes adultos, acentuando la dimensión moral de la escena.
El uso magistral del claroscuro, logrado mediante un detallado juego de líneas y sombras, intensifica el dramatismo de la composición. Las zonas iluminadas resaltan las figuras principales, mientras que las áreas más oscuras sugieren una sensación de misterio e incertidumbre. La técnica precisa en el grabado permite apreciar la textura de las telas, los detalles de la vestimenta y la expresión individualizada de cada personaje.
Subtextualmente, la obra parece aludir a temas de poder, justicia, corrupción y la fragilidad de la autoridad. El ambiente opresivo y la mirada desconfiada de los personajes sugieren una crítica implícita a las estructuras sociales y políticas de la época. La presencia del niño en primer plano podría interpretarse como un símbolo de esperanza o de la necesidad de preservar la inocencia frente a la corrupción del mundo adulto. En definitiva, se trata de una representación compleja que invita a la reflexión sobre la naturaleza humana y los dilemas morales que enfrentan los individuos en el ejercicio del poder.