Dieric Bouts – Mannales
Ubicación: Museums of Leuven, Leuven (Museums of Louvain).
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En primer plano, tres figuras se inclinan hacia la mujer central. Uno de ellos, vestido con indumentaria rica y ostentosa – un atuendo que evoca vestimenta oriental o exótica – parece ofrecerle algo de sus manos. Otro personaje, ataviado con ropajes igualmente elaborados en tonos rojos y negros, participa activamente en el acto de veneración, inclinándose profundamente. La tercera figura, un hombre con corona, se encuentra arrodillado, extendiendo la mano hacia una pequeña vasija que parece contener algún tipo de sustancia o ofrenda.
La mujer central, vestida con un traje rojo y blanco, es el foco principal de la escena. Su rostro denota una mezcla de modestia y dignidad, mientras observa los gestos de sus admiradores. En sus manos sostiene un recipiente similar al que le ofrecen, completando así el círculo de intercambio y devoción.
El fondo del cuadro está dominado por un paisaje montañoso, con una atmósfera brumosa y misteriosa. En la distancia, se vislumbra una figura humana en actitud de oración o contemplación, lo que podría sugerir una conexión espiritual o trascendental con los eventos que se desarrollan en primer plano. La luz, aunque tenue, ilumina selectivamente a los personajes principales, acentuando su importancia y creando un ambiente de solemnidad.
Subtextualmente, la obra parece explorar temas de poder, devoción y fertilidad. La figura femenina central podría representar una diosa o una reina, objeto de culto y veneración por parte de sus súbditos. El acto de ofrecerle sustancias o ofrendas sugiere una búsqueda de bendiciones o favores divinos. La presencia del niño en brazos de la mujer a la izquierda introduce un elemento de continuidad generacional y esperanza para el futuro. La composición, con su disposición simétrica y sus colores vibrantes, transmite una sensación de orden y armonía, aunque también puede interpretarse como una representación idealizada de una jerarquía social o religiosa. El paisaje montañoso en el fondo añade una dimensión simbólica a la escena, sugiriendo un vínculo entre lo terrenal y lo divino.