Antonio Reverte – ls Reverte 2Alpujarras-Granada
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El autor ha empleado una paleta cromática cálida y vibrante, con predominio de amarillos, ocres y dorados que sugieren la luz intensa del sol mediterráneo y realzan la textura de las edificaciones. Las casas se presentan apiñadas unas a otras, construidas con materiales pobres – probablemente piedra y yeso – y caracterizadas por sus techos planos o ligeramente inclinados. La arquitectura es sencilla, funcional, sin adornos ostentosos; refleja una vida austera y arraigada en la tradición.
En primer plano, un camino serpentea hacia el pueblo, guiando la mirada del observador. Tres figuras masculinas, vestidas con ropas oscuras, avanzan por este camino, añadiendo una escala humana a la composición y sugiriendo una rutina diaria o un viaje hacia el núcleo urbano. La presencia de estas figuras introduce una narrativa implícita, aunque no se puede determinar su propósito o destino.
El paisaje que rodea al pueblo es igualmente significativo. Las montañas, cubiertas de vegetación seca y rocosa, se extienden hasta perderse en la lejanía. El cielo, apenas visible entre las elevaciones, parece irradiar una luz dorada que baña toda la escena con un halo de calidez.
Más allá de la mera descripción del lugar, esta pintura evoca una serie de subtextos relacionados con la identidad cultural y el arraigo al territorio. La representación del pueblo, con su arquitectura tradicional y sus habitantes modestos, sugiere una valoración de las raíces, la sencillez y la conexión con la naturaleza. El uso de colores cálidos y la luz intensa contribuyen a crear una atmósfera nostálgica y evocadora, que invita a la reflexión sobre el paso del tiempo y la persistencia de las tradiciones. La composición general transmite una sensación de quietud y permanencia, como si el pueblo se hubiera mantenido inalterable a lo largo de los siglos. Se intuye un respeto profundo por la historia y la cultura local, expresado a través de una representación honesta y sin idealizaciones.