Edvard Munch – img706
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Las figuras femeninas son el foco principal. Visten atuendos claros, presumiblemente blancos, adornados con sombreros que oscurecen parcialmente sus rostros. La artista las ha representado en un gesto de cercanía, como si compartieran una conversación íntima o se movieran juntas en un paseo. Sin embargo, la falta de detalles faciales y la uniformidad de su vestimenta contribuyen a una sensación de anonimato, sugiriendo que podrían representar arquetipos más que individuos concretos.
El fondo, con sus edificios y el cielo iluminado por una luna tenue, aporta una dimensión narrativa ambigua. La luz lunar, aunque presente, no ilumina la escena de manera uniforme; crea sombras y resalta ciertos elementos, intensificando la atmósfera melancólica y misteriosa. Los edificios, representados con pinceladas rápidas y colores apagados, parecen distantes e inalcanzables, acentuando el sentimiento de aislamiento que emana del grupo femenino.
La perspectiva forzada, con el puente que se extiende hacia un punto de fuga indefinido, genera una sensación de profundidad y a la vez de inquietud. La barandilla del puente actúa como una barrera visual entre las figuras femeninas y el espectador, impidiendo una conexión directa y reforzando su carácter enigmático.
En cuanto a los subtextos, la pintura parece explorar temas relacionados con la soledad, la alienación y la fragilidad de la existencia humana. La atmósfera opresiva del entorno urbano, combinada con la representación impersonal de las figuras femeninas, sugiere una crítica implícita a la sociedad moderna y sus efectos deshumanizadores. El gesto de cercanía entre las mujeres podría interpretarse como un intento desesperado por encontrar consuelo y conexión en un mundo hostil. La luna, símbolo tradicional de la melancolía y el romanticismo, refuerza esta interpretación pesimista. En definitiva, la obra invita a una reflexión sobre la condición humana y la búsqueda de sentido en un contexto social complejo y despersonalizado.