Edvard Munch – img689
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En el centro del plano, una figura infantil, vestida con un atuendo rojo vibrante que contrasta fuertemente con la paleta general, se encuentra en una postura de desesperación. Sus manos cubren su rostro, sugiriendo una profunda conmoción o shock ante lo que está presenciando. La intensidad del color rojo podría interpretarse como una manifestación de dolor, ira o incluso un intento de aferrarse a la vida frente a la pérdida inminente.
En primer plano, cerca de la puerta, se distinguen varias figuras adultas, vestidas con ropas oscuras y sobrias. Sus rostros son difíciles de discernir, pero su postura sugiere una mezcla de preocupación, resignación y quizás impotencia. La mujer que se encuentra más cercana a la puerta parece observar la escena con una expresión sombría, mientras que los hombres parecen estar conteniendo el llanto o la desesperación.
En el lecho, una figura femenina yace inmóvil bajo las sábanas blancas. Su rostro es casi imperceptible, difuminado en la penumbra, lo que contribuye a la sensación de misterio y pérdida. Un hombre se encuentra junto a ella, inclinado sobre la cama, posiblemente consolándola o simplemente acompañándola en sus últimos momentos.
La perspectiva forzada y el uso de líneas diagonales acentúan la tensión emocional de la escena. La luz es escasa y desigual, creando sombras que intensifican la atmósfera de melancolía y desesperación. El suelo, representado con pinceladas rápidas y expresivas, parece inclinarse hacia adelante, contribuyendo a la sensación de inestabilidad y desequilibrio.
Subtextualmente, la obra podría interpretarse como una reflexión sobre la fragilidad de la vida, el dolor de la pérdida y la dificultad de afrontar el sufrimiento. La figura infantil simboliza la inocencia confrontada con la muerte, mientras que las figuras adultas representan la carga emocional del duelo y la impotencia ante el destino. El contraste entre el color rojo vibrante de la ropa del niño y los tonos apagados del resto de la escena sugiere una lucha interna entre la esperanza y la desesperación. La pintura evoca un sentimiento profundo de tristeza, soledad y resignación ante la inevitabilidad de la muerte.