Félix Édouard Vallotton – The Ruins, Villerville
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La composición dirige la mirada hacia un horizonte marino amplio y sereno. El agua, representada con tonos azulados y grises, se extiende hasta fusionarse con el cielo nublado, creando una sensación de inmensidad y quietud. La línea del horizonte es clara pero difusa, contribuyendo a la atmósfera melancólica que impregna la obra.
El uso de la perspectiva es sutil; no hay un punto de fuga definido, sino más bien una sugerencia de profundidad mediante la gradación tonal y la disminución del tamaño de los elementos a medida que se alejan. La luz parece ser uniforme, sin sombras marcadas, lo cual acentúa la sensación de calma y atemporalidad.
Más allá de la descripción literal, la pintura evoca reflexiones sobre el paso del tiempo, la fragilidad de las construcciones humanas frente a la naturaleza, y la memoria de eventos pasados. Las ruinas no son simplemente restos materiales; simbolizan una historia que se desvanece, un testimonio silencioso de transformaciones inevitables. La vegetación que reclama el espacio ocupado por la estructura sugiere un proceso de reintegración natural, donde lo artificial cede ante lo orgánico. La serenidad del mar y el cielo contrastan con la decadencia visible en las ruinas, generando una tensión emocional sutil pero palpable. Se intuye una reflexión sobre la pérdida, no necesariamente trágica, sino más bien como parte de un ciclo natural de creación y destrucción. La ausencia de figuras humanas refuerza esta sensación de soledad y contemplación.