Félix Édouard Vallotton – Still Life with Apples, Quinces and a Metal Jug
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Aquí se presenta una composición de bodegón que centra su interés en la representación de frutas y un jarro metálico sobre un paño blanco. La disposición es relativamente densa, con los elementos superpuestos entre sí, creando una sensación de abundancia y cierta opulencia.
Las manzanas verdes dominan la escena, distribuidas por toda la superficie del lienzo. Se observan también membrillos, unas pocas caquis y lo que parecen ser ciruelas o endrinas, todos ellos exhibiendo una paleta cromática que oscila entre el verde ácido, los tonos rojizos y algunos toques de púrpura. La fruta no se presenta idealizada; más bien, se aprecia su textura rugosa, sus imperfecciones y la sutil variación en sus tonalidades.
El jarro metálico, situado aproximadamente en el centro de la composición, actúa como un punto focal. Su superficie reflectante captura la luz, generando destellos que contribuyen a la atmósfera general de luminosidad. La forma del jarro es sencilla, casi utilitaria, contrastando con la riqueza orgánica de las frutas.
El paño blanco sobre el que se asienta la composición aporta una sensación de limpieza y orden, pero también introduce un elemento de textura interesante. Las arrugas y los pliegues del tejido sugieren movimiento y volumen, añadiendo complejidad visual a la escena. La luz incide sobre él, creando sombras sutiles que definen su forma y contribuyen al juego de luces y sombras presente en toda la obra.
En cuanto a subtextos, se puede interpretar esta pintura como una reflexión sobre la transitoriedad de la belleza y la inevitabilidad del deterioro. Las frutas, símbolos de abundancia y vitalidad, están destinadas a marchitarse con el tiempo. El bodegón, por lo tanto, podría ser visto como una memento mori, un recordatorio de la fragilidad de la existencia. La simplicidad de los objetos representados, junto con la técnica pictórica que enfatiza las texturas y los volúmenes, sugiere una búsqueda de la verdad esencial en lo cotidiano, alejándose de la idealización y acercándose a una representación más realista y contemplativa del mundo material. La composición, aunque aparentemente sencilla, invita a una observación detenida y a una reflexión sobre el paso del tiempo y la naturaleza efímera de las cosas.