Nicolas Lancret – Blind Man’s Buff
Ubicación: National Museum (Nationalmuseum), Stockholm.
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El foco de la composición se concentra en un hombre, vestido con ropas oscuras y un sombrero tricornio, que parece estar participando en un juego infantil: el pañuelo ciego. Sus brazos están extendidos, buscando a tientas, mientras una mujer, ataviada con un llamativo vestido rojo, le ofrece su mano. La expresión del hombre es de concentración mezclada con ligera incomodidad, mientras que la mujer irradia una sonrisa contenida y un aire de diversión.
Alrededor de ellos, se agrupa una multitud de figuras, hombres y mujeres igualmente elegantemente vestidos, observando el juego con expresiones variadas: curiosidad, risa reprimida, e incluso cierta condescendencia. Algunos parecen participar activamente en la atmósfera festiva, mientras que otros permanecen más distantes, como espectadores privilegiados. La disposición de las figuras no es aleatoria; se crea una jerarquía visual que enfatiza el papel central del hombre y la mujer en el juego.
Más allá de la representación literal de un pasatiempo aristocrático, esta pintura parece explorar temas de poder, vulnerabilidad y la dinámica social dentro de la corte. El hombre ciego, a pesar de su posición aparentemente dominante por su vestimenta, se encuentra despojado de su visión, dependiente del contacto físico con los demás para orientarse. Esto podría interpretarse como una metáfora de la fragilidad humana o incluso una crítica sutil al poder absoluto, que puede ser cegado por sus propias ilusiones. La mujer, en cambio, ejerce un control silencioso sobre el hombre ciego, guiándolo con su mano y provocando una reacción en él.
La atmósfera general es de frivolidad y entretenimiento refinado, pero también se percibe una tensión subyacente, una sutil ironía que invita a la reflexión sobre las relaciones humanas y las estructuras sociales que las rigen. La luz, aunque brillante, no es uniforme; crea sombras que sugieren misterio y complejidad en los personajes representados. El uso de bustos escultóricos como elementos decorativos refuerza la idea de un entorno clásico y atemporal, donde las convenciones sociales se perpetúan a través del juego y el espectáculo.