George Morland – A Soldier’s Return
Ubicación: Yale Center for British Art, Paul Mellon Collection, New Haven.
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En primer plano, dos figuras masculinas avanzan lentamente por un camino cubierto de nieve. Uno de ellos, ataviado con uniforme militar rojo y un bicornio, porta un fusil sobre su hombro y se apoya en un bastón, sugiriendo fatiga o una posible lesión. El otro hombre, vestido con ropas civiles más modestas, lo acompaña, sosteniendo también un palo que le sirve de apoyo. La postura de ambos denota cansancio y una cierta resignación ante el entorno hostil.
La composición es deliberadamente sobria. No hay elementos superfluos que distraigan la atención del espectador; todo converge en la representación de este regreso a casa, posiblemente después de un periodo prolongado de ausencia. El árbol desnudo a la derecha, con sus ramas retorcidas y desprovistas de hojas, funciona como un símbolo visual de la dureza de la vida y el paso implacable del tiempo. Su silueta oscura contrasta con la blancura de la nieve, intensificando la sensación de aislamiento y soledad.
Más allá de la descripción literal, la pintura parece explorar temas relacionados con la guerra, el hogar y la reintegración a la vida civil. La figura del soldado, visiblemente agotado, podría representar las consecuencias físicas y emocionales del conflicto bélico. Su acompañante, quizás un familiar o amigo, simboliza el apoyo y la conexión con la comunidad que espera su regreso. La nieve, omnipresente en la escena, no solo define el contexto geográfico sino que también puede interpretarse como una metáfora de las dificultades y los obstáculos que se enfrentan al volver a un mundo que ha cambiado durante la ausencia.
El autor ha logrado transmitir una profunda sensación de quietud y reflexión, invitando al espectador a contemplar la fragilidad humana frente a la naturaleza y el peso del deber cumplido. La paleta de colores, restringida a tonos fríos y apagados, refuerza esta impresión general de tristeza y nostalgia.