Bartolome Esteban Murillo – La Cuisine des Anges
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En el primer plano, un hombre vestido con hábitos franciscanos se encuentra elevado sobre el suelo, extendiendo sus brazos en señal de asombro y veneración. Su postura sugiere una experiencia mística o sobrenatural. A su alrededor, varios hombres vestidos de manera similar lo observan desde la izquierda, participando silenciosamente en este momento extraordinario.
La atención del espectador es inmediatamente atraída por el grupo central: un conjunto de figuras aladas que se interpretan como ángeles. Estos seres celestiales están ocupados preparando alimentos en una cocina rústica y funcional. Se aprecian ollas, platos, cestos y otros utensilios de cocina, todos representados con gran detalle. La disposición de los ángeles sugiere un trabajo colaborativo y diligente, aunque también se percibe una atmósfera de serenidad y gracia. Algunos ángeles parecen interactuar entre sí, mientras que otros observan al hombre levitado con curiosidad o compasión.
En la parte derecha de la composición, se distinguen otras figuras angelicales, algunas sosteniendo recipientes o mirando hacia el espectador. La paleta de colores es cálida y terrosa, dominada por tonos ocres, dorados y marrones, que contribuyen a crear una atmósfera de intimidad y recogimiento.
Subtextualmente, la pintura parece explorar temas de fe, caridad y providencia divina. El hombre levitado podría representar un santo o un individuo elegido por Dios para presenciar un milagro. La presencia de los ángeles cocinando sugiere la idea de que lo divino se manifiesta en las tareas más cotidianas y humildes. La escena evoca una sensación de misterio y trascendencia, invitando a la reflexión sobre la relación entre el mundo terrenal y el reino celestial. El contraste entre la sencillez del entorno y la magnificencia de los ángeles acentúa la naturaleza extraordinaria del evento representado. La pintura sugiere que incluso en los lugares más humildes y ordinarios, puede ocurrir lo divino si se mantiene la fe y la devoción.