Gerard Terborch – Borch II Gerard ter Memorial Portrait of Moses ter Borch
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Aquí se observa un retrato de un hombre ataviado con una indumentaria ostentosa del siglo XVII. El retratado, de cabellos rojizos y expresión serena, se presenta de pie, ligeramente girado hacia la izquierda, sosteniendo un bastón en su mano derecha. Su atuendo destaca por el uso de un chaleco amarillo intenso, complementado con encajes azules que adornan sus mangas. Una capa oscura cubre parcialmente sus hombros, sugiriendo una posición de autoridad o nobleza.
El fondo del retrato es particularmente significativo. El hombre se encuentra situado frente a una roca imponente, cubierta de vegetación densa y sombría. Esta disposición crea un contraste notable con la luminosidad que ilumina al retratado, enfatizando su presencia y singularidad. A sus pies, sobre la misma roca, se disponen varios objetos simbólicos: un casco, una armadura, un cráneo humano y lo que parecen ser restos de una comida o bebida. La serpiente enrollada en una rama a la izquierda del retrato añade otra capa de complejidad interpretativa.
La presencia del cráneo es ineludible; alude directamente a la memento mori, el recordatorio de la mortalidad inherente a toda existencia, incluso para aquellos que ostentan poder y riqueza. El casco y la armadura sugieren una conexión con la guerra o la defensa, posiblemente representando el deber militar o la protección del territorio. La serpiente, un símbolo bíblico recurrente, puede interpretarse como tentación, conocimiento prohibido o incluso como una referencia a la historia de Moisés y la serpiente en el desierto.
La composición general sugiere una reflexión sobre la vida, la muerte, el poder y la responsabilidad. El contraste entre la opulencia del retratado y los objetos asociados con la decadencia y el peligro crea una tensión visual que invita al espectador a considerar la fragilidad de la existencia humana y las cargas que implica el ejercicio del poder. La elección del entorno rocoso y sombrío refuerza esta atmósfera melancólica, sugiriendo un peso o una carga emocional que trasciende la mera representación física del retratado. El conjunto transmite una sensación de introspección y una conciencia profunda de la transitoriedad de las cosas terrenales.