Hermitage ~ part 08 – Mengs, Anton Raphael. Annunciation
На эту операцию может потребоваться несколько секунд.
Информация появится в новом окне,
если открытие новых окон не запрещено в настройках вашего браузера.
Для работы с коллекциями – пожалуйста, войдите в аккаунт (abrir en nueva ventana).
Поделиться ссылкой в соцсетях:
No se puede comentar Por qué?
En la parte alta, una figura masculina, presumiblemente una representación divina, se muestra rodeado de una corte de querubines. Su rostro irradia benevolencia, aunque su expresión es distante y ligeramente severa. Los ángeles que lo acompañan gesticulan con entusiasmo, creando un movimiento ascendente que dirige la mirada hacia el centro de la composición. Un paloma blanca, símbolo del Espíritu Santo, desciende entre ellos, marcando un punto focal crucial en la narrativa.
En primer plano, dos figuras humanas dominan la escena: una mujer y un ángel. La mujer, vestida con ropajes azules que contrastan con el fondo oscuro, se encuentra arrodillada frente a un atril o mesa sobre el cual reposa un libro abierto. Su postura es de sumisión y asombro; sus manos extendidas denotan sorpresa y una aceptación vacilante del mensaje que recibe. El ángel, situado a su derecha, adopta una posición de reverencia, con la mano alzada en un gesto de salutación o bendición. Su vestimenta, rica en detalles y texturas, sugiere una dignidad celestial.
La composición se articula alrededor de una tensión entre lo terrenal y lo divino. La arquitectura, aunque presente, es secundaria a la importancia de las figuras centrales. El uso del claroscuro acentúa el dramatismo de la escena, resaltando los momentos clave de la revelación. El color azul, asociado tradicionalmente con la Virgen María, refuerza su papel central en este evento trascendental.
Subyace una sensación de humildad y recogimiento. La mujer no se presenta como una figura grandiosa o poderosa, sino como un ser humano vulnerable ante lo divino. El ángel, a pesar de su apariencia celestial, muestra respeto y deferencia hacia la mujer. La escena evoca un momento de profunda transformación espiritual, donde lo ordinario se encuentra con lo extraordinario, y el destino terrenal se entrelaza con el plan divino. La presencia del perro en la parte inferior, aunque pequeño, introduce una nota de cotidianidad que contrasta con la magnificencia celestial, sugiriendo quizás la conexión entre el mundo humano y el reino espiritual.