Part 5 Prado Museum – Amigoni, Jacopo -- María Antonia Fernanda de Borbón y Farnesio, infanta de España
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La figura viste un vestido ostentoso, de tonalidades claras salpicadas de motivos florales bordados en hilo dorado. La riqueza del tejido y el detalle del bordado sugieren un estatus social elevado. El escote es pronunciado, revelando una fina cadena que se adorna con un colgante. La postura es formal pero no rígida; la joven descansa ligeramente sobre lo que parece ser un sillón o diván de tapicería roja, transmitiendo una sensación de elegancia y compostura.
En los laterales del retrato, dos querubines aparecen parcialmente visibles, uno sosteniendo un ramillete de flores y el otro ofreciendo una única flor escarlata. Estos seres alados, tradicionalmente asociados con el amor y la belleza, introducen una dimensión simbólica a la obra. Su presencia puede interpretarse como una alegoría del encanto personal de la retratada o como una referencia a su juventud y pureza. La ubicación parcial de los querubines, difuminados en la penumbra, sugiere un mundo idealizado que rodea a la figura central.
El fondo es oscuro y neutro, lo que concentra la atención en la protagonista y acentúa el contraste con sus vestimentas luminosas. La composición general se caracteriza por una marcada simetría, propia del gusto artístico de la época, aunque la sutil inclinación de la cabeza de la retratada introduce un elemento de naturalidad que evita la frialdad formal.
En términos subtextuales, el retrato parece buscar proyectar una imagen de nobleza, belleza y virtud. La opulencia del vestido, la delicadeza de los rasgos y la presencia de los querubines contribuyen a construir una representación idealizada de la juventud femenina en un contexto aristocrático. La flor ofrecida por uno de los ángeles podría simbolizar tanto el amor como la fragilidad de la belleza efímera. La mirada directa de la retratada, aunque serena, transmite una sensación de confianza y dignidad que refuerza su estatus social.