Part 5 Prado Museum – Goya y Lucientes, Francisco de -- El rey Carlos IV, de rojo
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La expresión del retratado es ambigua; no se trata de una sonrisa abierta ni de una mirada particularmente amable. Más bien, exhibe una severidad contenida, un semblante que podría interpretarse como dignidad o incluso como una máscara para ocultar algo más profundo. Las líneas alrededor de los ojos y la boca denotan el paso del tiempo, pero también podrían sugerir cansancio o preocupación.
El uso de la luz es significativo. Ilumina principalmente el rostro y el traje, dejando el fondo sumido en una penumbra que contribuye a la atmósfera de misterio. La luz no es uniforme; presenta áreas más claras y otras más oscuras, lo que crea un efecto de volumen y realza los detalles del bordado del traje. La banda azul cruzada sobre el pecho, adornada con una insignia, alude a su posición oficial, pero la forma en que se coloca parece menos rígida que en los retratos convencionales de la época, insinuando quizás una cierta relajación o incluso un desafío sutil a las normas protocolarias.
El fondo, pintado con pinceladas rápidas y expresivas, carece de detalles definidos. Se intuyen formas vegetales o montañosas, pero se diluyen en una atmósfera brumosa que impide una lectura clara. Esta falta de concreción en el trasfondo podría interpretarse como una intención de desviar la atención del espectador hacia la figura principal y su carácter.
En general, la pintura transmite una sensación de complejidad psicológica. No es un retrato idealizado ni complaciente; más bien, sugiere una visión matizada de un hombre que ocupa una posición de poder, pero que también está sujeto a las presiones y responsabilidades inherentes a esa posición. La paleta cromática limitada, dominada por el rojo y el negro, contribuye a la atmósfera solemne y ligeramente inquietante de la obra. Se percibe una tensión entre la pompa exterior y una posible fragilidad interior, dejando al espectador con una impresión duradera de ambigüedad e introspección.