Alexandre Evariste Fragonard – Dominique Vivant Denon (1747-1825) Replacing the bones of Le Cid in his Tomb
Ubicación: Antoine Lecuyer Museum (Musée Antoine Lécuyer), Saint-Quentin.
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En el centro de la composición, un hombre vestido con ropas monásticas sostiene lo que parece ser un cráneo humano. Su rostro muestra una expresión concentrada, casi reverente, mientras realiza su tarea. A sus pies, otro individuo, ataviado con vestimentas más humildes y desgastadas, se agacha sobre un sarcófago o ataúd abierto, manipulando pequeños fragmentos óseos que parecen corresponder al cráneo que el hombre sostiene. La postura de este segundo personaje sugiere una actitud de sumisión o respeto hacia la figura monástica.
A la izquierda, un tercer individuo, vestido con abrigo y sombrero, observa la escena con una expresión indescifrable; su posición lateral le convierte en un espectador silencioso, quizás un testigo de lo que ocurre. Su presencia introduce una dimensión narrativa más amplia, insinuando una historia o contexto que trasciende el acto inmediato que se está representando.
La paleta cromática es dominada por tonos terrosos y oscuros – marrones, grises y ocres – que refuerzan la sensación de antigüedad y decadencia del lugar. El uso limitado de colores más claros, como el blanco en el haz de luz y en algunos detalles de las vestimentas, sirve para focalizar la atención del espectador en los personajes principales y en su acción.
Subtextualmente, la pintura plantea interrogantes sobre la memoria, el legado y la manipulación de la historia. El acto de reemplazar o sustituir huesos sugiere una intervención deliberada en el pasado, quizás un intento de reinterpretarlo o darle un nuevo significado. La presencia del hombre con abrigo podría simbolizar la figura del coleccionista, del historiador o incluso del poder político que interviene en la preservación y representación de la memoria colectiva. La escena evoca una reflexión sobre la fragilidad de los restos mortales y la persistencia de la leyenda a través del tiempo. La atmósfera general transmite un sentimiento de melancolía y misterio, invitando al espectador a contemplar las complejidades de la historia y el papel que juega en la construcción de nuestra identidad.