Alexandre Evariste Fragonard – The Battle of Marignan, 14th September 1515
Ubicación: Palace of Versailles (Château de Versailles), Paris.
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En primer plano, se aprecia un grupo de soldados caídos o heridos, extendidos sobre el terreno irregular. Sus posturas sugieren dolor y derrota, contrastando con la energía que emana del resto de la escena. A su lado, una figura en armadura azul, posiblemente un líder o caballero destacado, parece observar la contienda con determinación. Su posición ligeramente adelantada lo sitúa como punto focal inicial para el espectador.
El centro de la composición está ocupado por una figura montada a caballo, ataviada con ropas suntuosas y una armadura elaborada. Su postura es regia, aunque su rostro permanece parcialmente oculto, sugiriendo un aura de misterio o incluso divinidad. El caballo blanco, símbolo tradicional de pureza y nobleza, acentúa esta impresión. A su alrededor se agolpan otros soldados a caballo y pie, empuñando espadas, lanzas y estandartes. Estos últimos, con sus colores vibrantes (azul y blanco predominan), aportan un elemento de orden visual en medio del caos general.
El cielo, representado con una paleta cálida de ocres y amarillos, contribuye a la atmósfera dramática. La luz parece filtrarse entre las nubes, iluminando selectivamente ciertas áreas de la batalla y creando fuertes contrastes de claroscuro. Esta iluminación dirigida enfatiza la importancia de los personajes principales y acentúa el dramatismo del momento.
Más allá de la representación literal del combate, la obra sugiere una reflexión sobre la naturaleza de la guerra: su brutalidad, su heroísmo, y su impacto en aquellos que participan en ella. La presencia de figuras caídas y heridas evoca la pérdida y el sufrimiento inherentes al conflicto armado. La figura central a caballo, con su postura imponente y su vestimenta ostentosa, podría interpretarse como una alegoría del poder y la autoridad, aunque también plantea interrogantes sobre los costos humanos asociados a su ejercicio. El uso de símbolos como el caballo blanco y los estandartes sugiere una idealización de la guerra, pero esta se ve matizada por la cruda realidad que se despliega en el primer plano. En definitiva, la pintura no solo narra un evento histórico, sino que también invita a la contemplación sobre temas universales relacionados con el poder, la victoria y la derrota.