Georges de La Tour – Ciego tocando la zanfonía
Ubicación: Prado, Madrid.
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El hombre viste un atuendo sobrio: una túnica o levita de color grisáceo, cuyo tejido parece denotar cierta calidad, aunque el corte es sencillo y funcional. Un cuello alto, adornado con encajes delicados, resalta la austeridad del resto de la vestimenta. Sus manos, fuertemente marcadas por el trabajo, sostienen un instrumento musical – una zanfona – que se encuentra parcialmente visible en primer plano. La luz incide sobre las teclas del instrumento, creando reflejos dorados que atraen la atención y sugieren una conexión directa con la música.
La iluminación es clave para comprender la atmósfera de la obra. Una fuente de luz lateral ilumina el rostro del hombre, dejando el resto de la escena sumido en una penumbra deliberada. Este contraste acentúa la figura central, otorgándole un carácter casi escultórico y enfatizando su expresión introspectiva. La oscuridad circundante no es simplemente ausencia de luz; parece simbolizar la ceguera física que afecta al personaje, pero también podría interpretarse como una metáfora de la ignorancia o la falta de comprensión del mundo exterior.
La composición es sencilla pero efectiva. El hombre ocupa casi todo el espacio pictórico, lo que contribuye a su monumentalidad y a la sensación de soledad que emana de él. La ausencia de otros personajes o elementos decorativos refuerza esta impresión de aislamiento y concentración en la figura central.
Más allá de la representación literal de un músico ciego, la pintura invita a una reflexión sobre temas universales como la fe, la perseverancia, el arte como consuelo y la relación entre la visión y la percepción. La música, en este contexto, se convierte en un puente hacia un mundo interior, una forma de trascender las limitaciones físicas y conectar con algo más profundo. El gesto del hombre al tocar la zanfona sugiere no solo habilidad musical, sino también una entrega total a su arte, una búsqueda de significado en medio de la oscuridad. La serenidad que irradia su rostro, a pesar de sus evidentes dificultades, transmite un mensaje de esperanza y resiliencia.