Joachim Wtewael – Mars and Venus surprise Vulcan Sun
Ubicación: Mauritshuis, Den Haag.
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El centro visual lo ocupan dos figuras masculinas desnudas, en pleno movimiento, con una energía palpable. Uno de ellos, vestido con ropajes carmesí, parece descender desde una posición elevada, su cuerpo retorcido en un gesto que mezcla sorpresa y alerta. El otro, también desnudo, se encuentra a punto de saltar o caer, con los brazos extendidos en busca de apoyo.
Sobre ellos, una multitud de figuras aladas, presumiblemente putos, flotan en el aire, algunos observando la escena con expresiones de deleite, otros participando activamente en ella. Su presencia refuerza la atmósfera festiva y desinhibida que impregna la composición. Se percibe un movimiento circular, como si todos estuvieran inmersos en una danza o celebración espontánea.
En el extremo derecho, una figura femenina recostada sobre una estructura arquitectónica, posiblemente un sillón o diván, observa con aparente indiferencia lo que ocurre. Su postura relajada contrasta con la agitación de los demás personajes, sugiriendo una posición de poder o superioridad. A su lado, otro personaje, sentado y con una expresión contemplativa, parece ser parte del grupo pero mantiene cierta distancia emocional.
La paleta cromática es rica en tonos cálidos: rojos, dorados y ocres predominan, acentuando la sensación de vitalidad y exuberancia. El uso de la luz y la sombra contribuye a modelar las figuras y a crear una atmósfera de misterio y sensualidad.
Subtextualmente, la obra parece explorar temas como el amor, el engaño y la venganza. La escena sugiere un momento de descubrimiento o interrupción, donde secretos son revelados y jerarquías se desafían. La presencia de las figuras aladas podría simbolizar la intervención divina o la naturaleza caprichosa del destino. El contraste entre la figura femenina observadora y la agitación de los demás personajes invita a reflexionar sobre el poder, la pasividad y la responsabilidad en las relaciones humanas. La composición, en su conjunto, transmite una sensación de alegría desbordada, pero también de tensión latente, como si la celebración pudiera interrumpirse en cualquier momento.