Joachim Wtewael – The fruit and vegetable seller
Ubicación: Central Museum (Centraal Museum), Utrecht.
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El vendedor, situado a la izquierda, ocupa un lugar prominente. Su postura es relajada, casi apática, con las manos entrelazadas sobre el regazo y una expresión facial marcada por la fatiga o incluso la resignación. La vestimenta, aunque de buena calidad, parece deslucida, sugiriendo una vida dedicada al trabajo duro. La luz incide sobre su rostro, acentuando las arrugas y transmitiendo una sensación de experiencia acumulada.
En el centro del cuadro, la mujer y el niño aportan un contraste inmediato. La madre ofrece una fruta al pequeño, gesto que puede interpretarse como una representación de la provisión, la nutrición y la continuidad familiar. El niño, con su mirada inocente y sus ropas impecables, simboliza la esperanza y el futuro. La paleta de colores en esta zona es más cálida y vibrante, resaltando la abundancia de los productos expuestos: uvas, manzanas, peras, coles, zanahorias… La profusión de alimentos contrasta con la aparente carencia que se intuye en el vendedor anciano.
El fondo, con su paisaje urbano brumoso, introduce una dimensión más amplia. Se vislumbra una ciudad bulliciosa, con gente caminando y edificios que se elevan hacia el cielo. Esta perspectiva lejana sugiere un mundo más allá de la inmediatez del mercado, un mundo de oportunidades o quizás de indiferencia ante las dificultades del vendedor. La iglesia, visible en la distancia, podría aludir a la fe o a una forma de consuelo espiritual frente a las tribulaciones terrenales.
La pintura parece explorar temas como el paso del tiempo, la laboriosidad, la generosidad y la desigualdad social. El contraste entre la figura del vendedor anciano y la familia joven con su abundancia de alimentos invita a reflexionar sobre la precariedad de la existencia y la importancia de los vínculos familiares. La meticulosa representación de las frutas y verduras no es meramente descriptiva; funciona como una metáfora de la riqueza material, pero también de la fugacidad de la vida y la inevitabilidad del deterioro. La composición general transmite una sensación de melancolía contenida, un retrato sutil de la condición humana en su lucha por la supervivencia.