Joachim Wtewael – Susanna and the Elders
Ubicación: Bucharest, National Museum of Arts (Muzeul Național de Artă).
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A ambos lados de ella, dos figuras masculinas se ciernen sobre ella, con expresiones que oscilan entre el deseo lascivo y una especie de juicio moralizado. La proximidad física de estos hombres crea una atmósfera opresiva, intensificada por sus gestos torpes y su lenguaje corporal invasivo. Uno de ellos parece extender la mano hacia ella, mientras que el otro se inclina con una expresión que podría interpretarse como reprobación o deseo reprimido.
El fondo, aunque menos definido, contribuye a la complejidad de la composición. Se vislumbra un jardín exuberante, delimitado por una arquitectura clásica y adornado con fuentes y esculturas mitológicas. Esta ambientación idealizada contrasta fuertemente con la crudeza del encuentro que se desarrolla en primer plano, sugiriendo una posible pérdida de inocencia o una transgresión de las normas sociales.
La presencia de los putti al pie de la fuente, jugando con objetos que parecen símbolos de vanidad y engaño (espejos, anillos), introduce un elemento de ironía y ambigüedad moral. Estos personajes, tradicionalmente asociados a la alegría y la despreocupación, parecen participar en una trama más oscura, insinuando la naturaleza ilusoria de la virtud y la facilidad con la que se puede caer en la tentación.
La paleta cromática es rica y contrastada: los tonos cálidos de las pieles humanas chocan con el verde oscuro del follaje y el rojo intenso de las túnicas masculinas, acentuando la intensidad emocional de la escena. La composición general, con su disposición diagonal y sus líneas convergentes, dirige la mirada del espectador hacia el centro de la acción, intensificando la sensación de dramatismo y suspense.
Subyacentemente, la pintura plantea interrogantes sobre la naturaleza del deseo, la moralidad, la justicia y la percepción. La representación de la mujer en una posición vulnerable, rodeada por hombres con intenciones ambiguas, invita a reflexionar sobre las dinámicas de poder y los peligros de la mirada masculina. El jardín idealizado, con sus símbolos de engaño, sugiere que incluso en los lugares más bellos y aparentemente inocentes, pueden esconderse tentaciones y trampas. La obra, en su conjunto, parece explorar la complejidad de la condición humana y la fragilidad de la virtud frente a las fuerzas del deseo y la corrupción.