William Schimmel – p-Schimmel 07
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El artista ha dispuesto una luna creciente prominente en la parte superior izquierda, cuyo brillo irradia un tono azulado que se refleja en el agua y en los cuerpos de los delfines. Esta luz lunar contribuye a crear una atmósfera onírica y misteriosa. La distribución de las estrellas es irregular, sugiriendo profundidad y vastedad del espacio.
Los delfines, representados con gran detalle anatómico, parecen desafiar la ley de la gravedad al elevarse por encima de la superficie del agua. Su movimiento fluido y elegante transmite una sensación de libertad y alegría. Uno de los delfines se encuentra en primer plano, ofreciendo una perspectiva más cercana y permitiendo apreciar mejor su forma y expresión. La presencia de un segundo delfín, ligeramente más pequeño y situado detrás del primero, sugiere una relación o vínculo entre ellos.
En el tercio inferior de la composición, las rocas costeras están delineadas con precisión, mostrando texturas y sombras que acentúan su solidez y permanencia. La vegetación, representada en tonos azules y verdes oscuros, se adhiere a las rocas, añadiendo un elemento naturalista a la escena. El agua, con sus reflejos luminosos y sus crestas espumosas, contribuye a la sensación de movimiento y vitalidad.
Subtextualmente, la obra podría interpretarse como una alegoría sobre la trascendencia, la conexión entre el mundo terrenal y el espiritual, o la búsqueda de la libertad. El vuelo de los delfines, en contraste con su hábitat acuático, simboliza quizás la superación de las limitaciones impuestas por la realidad física. La luna creciente, tradicionalmente asociada a la intuición y al inconsciente, refuerza esta idea de un mundo más allá de lo visible. La combinación de elementos naturales – el mar, las rocas, los delfines, el cielo estrellado – sugiere una armonía cósmica y una profunda reverencia por la naturaleza. La escena evoca una sensación de asombro y contemplación ante la inmensidad del universo y la belleza inherente a la vida marina.