Johann Heinrich Ramberg – Olivia, Maria and Malvolio from Twelfth Night, Act III, Scene iv
Ubicación: Yale Center for British Art, Paul Mellon Collection, New Haven.
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En primer plano, un hombre vestido con ropas de color ladrillo, aparentemente embelesado, se acerca a una mujer sentada sobre un diván ricamente decorado. Su postura es casi servil, su rostro inclinado en una expresión de devoción exagerada que sugiere una sumisión voluntaria y quizás, algo forzada. La mujer, cubierta con un velo translúcido que oculta parcialmente sus facciones, parece indiferente a la atención del hombre; su mirada se dirige hacia otro punto, distante e inexpresivo. A su lado, otra figura femenina, ataviada con un elegante vestido azul y un sombrero adornado, observa la escena con una expresión ambigua, posiblemente de diversión contenida o incluso compasión. Un pequeño perro blanco reposa a sus pies, añadiendo un toque de domesticidad a la situación.
A izquierda, dos hombres, vestidos con atuendos que recuerdan a bufones o personajes cómicos, contemplan el desarrollo de los acontecimientos. Uno de ellos se sienta sobre una silla, su rostro iluminado por una sonrisa socarrona; el otro permanece de pie, apoyado en un cortinaje rojo intenso, observando la escena con una mezcla de curiosidad y desaprobación. La presencia de estos personajes refuerza la naturaleza teatral del momento, sugiriendo que lo que se está presenciando es parte de un juego más amplio, una farsa cuidadosamente orquestada.
La paleta de colores es rica y contrastante: los tonos cálidos de las ropas del hombre enamorado chocan con el azul frío del vestido de la mujer sentada en el diván. La luz, proveniente de una fuente no visible, crea sombras que acentúan la tensión dramática de la escena. El uso de texturas lujosas – el terciopelo de los cortinajes, la seda del vestido, la opulencia del diván – subraya la posición social elevada de los personajes y contribuye a crear una atmósfera de decadencia y artificio.
Subtextualmente, la pintura explora temas como el amor no correspondido, la manipulación emocional y la fragilidad de la identidad. La indiferencia de la mujer sentada en el diván sugiere una desconexión entre apariencia y realidad, mientras que la devoción del hombre enamorado revela su vulnerabilidad y su disposición a ser engañado. Los personajes observadores, con sus sonrisas y miradas significativas, actúan como un coro griego, comentando silenciosamente sobre las acciones de los protagonistas y recordándonos la naturaleza ilusoria del teatro de la vida. La escena parece capturar un instante crucial en una trama más compleja, donde el engaño y la confusión reinan supremos.