Franco Gentilini – #36131
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El primer plano está dominado por una mesa alargada, sobre la cual se encuentran dos personajes sentados con gesto apesadumbrado. Uno de ellos viste un atuendo rojo, mientras que el otro lleva un sombrero negro y una vestimenta más formal. Sobre la mesa, destaca una etiqueta publicitaria de Apfelwein (vino de manzana), elemento que introduce una referencia cultural específica y añade una capa de significado ambiguo a la escena. La presencia del vino podría aludir a la celebración, al escape o incluso a la melancolía.
En el plano medio, un árbol solitario se eleva sobre el césped verde, su tronco retorcido y sus ramas desnudas sugiriendo una sensación de aislamiento y decadencia. A su lado, una estructura arquitectónica rectangular, con ventanas de celosías, parece un espacio delimitado, quizás un refugio o una prisión.
En la parte superior derecha, una figura vestida con ropas elaboradas se asoma desde lo que parece ser un vano de puerta, observando la escena con una expresión indescifrable. Su postura y su atuendo sugieren una posición de poder o privilegio, pero también una cierta distancia emocional respecto a los personajes del primer plano.
La paleta de colores es predominantemente terrosa, con tonos verdes, marrones y ocres que contribuyen a crear una atmósfera melancólica y nostálgica. El uso de líneas rectas y formas geométricas contrastan con la organicidad del árbol y el césped, acentuando la sensación de artificialidad y desequilibrio.
Subyacentemente, esta pintura parece explorar temas como la alienación, la pérdida de la inocencia y la fragilidad de la existencia humana. La yuxtaposición de elementos aparentemente inconexos sugiere una crítica a las convenciones sociales y a la búsqueda de sentido en un mundo fragmentado. El paisaje onírico invita al espectador a cuestionar la naturaleza de la realidad y a reflexionar sobre la condición humana. Se intuye una reflexión sobre el paso del tiempo, la memoria y la imposibilidad de recuperar lo perdido.