Adam Frans Van der Meulen – The Siege of Maastricht in 1673
Ubicación: Fine Arts Museum, Orleans (Musée des beaux-arts d’Orléans).
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En el frente, un grupo considerable de jinetes avanza a caballo, ataviados con uniformes militares que sugieren una jerarquía y organización. Algunos portan estandartes o banderas, indicando posiblemente la presencia de líderes o oficiales. La disposición de estas figuras no parece caótica; hay una cierta formalidad en su avance, aunque el contexto bélico implica movimiento y posible conflicto. A sus pies, se extienden líneas de soldados a pie, parcialmente ocultos por la vegetación baja y el terreno irregular. La presencia de un perro al lado de los jinetes podría interpretarse como un símbolo de lealtad o compañía en tiempos de guerra.
El humo que emana de la ciudad es un elemento central; difumina los detalles arquitectónicos y crea una atmósfera opresiva, sugiriendo destrucción y sufrimiento. Los destellos de luz que se vislumbran entre el humo podrían representar incendios o explosiones, intensificando la sensación de caos y violencia. La ciudad en sí misma parece estar defendiéndose con vigor; las almenas están visibles, y aunque no se aprecian detalles específicos de combate, la presencia del humo implica una respuesta activa a la ofensiva.
La perspectiva utilizada acentúa la distancia entre los observadores (presumiblemente tropas atacantes) y la ciudad asediada. Esto podría interpretarse como una forma de distanciamiento emocional, permitiendo al espectador contemplar el evento desde una posición relativamente segura. Sin embargo, la escala monumental de la ciudad y la multitud de figuras involucradas transmiten una sensación de inmensidad y gravedad del conflicto.
Subtextualmente, la pintura parece explorar temas de poder, conquista y destrucción. La representación de la ciudad como un objetivo a ser tomado sugiere una narrativa de dominación militar. La formalidad en la disposición de las tropas atacantes podría interpretarse como una justificación ideológica para la violencia, presentando el asedio como una acción ordenada y necesaria. El humo y el fuego no solo representan la destrucción física, sino también la pérdida de vidas y la disrupción del orden social. La pintura, por tanto, invita a reflexionar sobre las consecuencias devastadoras de la guerra y la naturaleza implacable del poder militar.