Parisian cafe Konstantin Alekseevich Korovin (1861-1939)
Konstantin Alekseevich Korovin – Parisian cafe
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Pintor: Konstantin Alekseevich Korovin
Ubicación: The State Tretyakov Gallery, Moscow (Государственная Третьяковская галерея).
Tenemos ante nosotros varios bocetos del artista, realizados en la década de 1890 con motivo de un viaje a Francia. Estos cuadros encarnan plenamente los principios de uno de los movimientos modernistas más llamativos, el impresionismo, que tuvo su apogeo en el último tercio del siglo antepasado. Observamos que Korovin representa un café por la mañana. Todavía no hay muchos visitantes, y los rayos del sol aún no han tenido tiempo de perder su tono plateado en el que todos los objetos y el mundo entero a su alrededor corren el riesgo de ahogarse.
Descripción del cuadro de Konstantin Korovin "Café de París".
Tenemos ante nosotros varios bocetos del artista, realizados en la década de 1890 con motivo de un viaje a Francia. Estos cuadros encarnan plenamente los principios de uno de los movimientos modernistas más llamativos, el impresionismo, que tuvo su apogeo en el último tercio del siglo antepasado.
Observamos que Korovin representa un café por la mañana. Todavía no hay muchos visitantes, y los rayos del sol aún no han tenido tiempo de perder su tono plateado en el que todos los objetos y el mundo entero a su alrededor corren el riesgo de ahogarse. Las mesas, la calle, la gente... todo pierde sus contornos, se vuelve un poco borroso.
Incluso el color del paraguas rojo en las manos de una de las mujeres se suaviza y se vuelve mate. Parece que el artista trasladó al lienzo una escena de la ciudad, sacada de la interminable corriente de la vida. Mirando el cuadro uno puede recordar los poemas de un poeta urbano que pone en palabras la vibrante vida de la ciudad.
No hace falta decir que Korovin se guió por la experiencia de los impresionistas franceses. Al mismo tiempo, no se le puede acusar de seguir ciegamente a Monet o a Pissarro. Por el contrario, el artista tenía ganas de experimentar. Korovin se aventuró a utilizar colores terrosos, por ejemplo, para conseguir el tono gris requerido. Utiliza activamente el negro, que, sin embargo, no desvirtúa el fondo general y no crea pesadez.
Por el contrario, el lienzo creado durante la fascinación del artista por los tonos plateados da al público una sensación de ligereza y libertad. Además, las calles magistralmente representadas y el fresco verdor hacen que los lienzos sean muy luminosos e inolvidables, incluso inteligentes, si se me permite decirlo.
Así pues, los bocetos del Café de París son dignos ejemplos del trabajo de Konstantin Korovin, y sin duda alegran a los admiradores de su talento. Por desgracia, este hecho no ha sido reconocido por todos los críticos contemporáneos.
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La obra presenta una escena urbana al aire libre, presumiblemente un espacio público dedicado a la restauración. El foco principal reside en el toldo rojo que se extiende diagonalmente sobre el plano pictórico, sugiriendo un café o restaurante con terraza. La paleta cromática es predominantemente terrosa y grisácea, con toques de ocre y carmín en el toldo y detalles en la vegetación.
Se observa una atmósfera nebulosa y difusa; los contornos son imprecisos, lo que indica un posible interés del autor por capturar la luz y la sensación atmosférica más que la representación detallada de las formas. La pincelada es suelta y expresiva, con evidentes trazos visibles que contribuyen a una impresión de movimiento y fugacidad.
En el espacio bajo el toldo se distinguen mesas y sillas vacías, así como macetas con plantas que aportan un elemento natural al entorno urbano. En la esquina derecha, se vislumbra la silueta de dos figuras sentadas, posiblemente clientes del establecimiento. La iluminación parece provenir de una fuente artificial, tal vez faroles o lámparas, lo cual acentúa el contraste entre las zonas iluminadas y las sombras.
Subtextos potenciales:
La ausencia de actividad en gran parte de la escena podría evocar una sensación de soledad o melancolía. La atmósfera brumosa y los colores apagados sugieren un momento tranquilo, quizás al final del día o durante una estación poco soleada. El café vacío puede interpretarse como un espacio de reflexión individual o como un lugar de encuentro social en espera de ser habitado. La presencia de las figuras sentadas, aunque difusas, introduce la posibilidad de interacciones humanas y narrativas implícitas. En general, la pintura transmite una impresión de intimidad y contemplación, invitando al espectador a imaginar las historias que podrían desarrollarse en este espacio urbano.