Duccio di Buoninsegna – #40442
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En el nivel superior, sobre un balcón arquitectónico con columnas que sugieren un palacio o tribunal, tres personajes masculinos presencian los acontecimientos. Uno, ataviado con una elaborada vestimenta real, ocupa el centro del plano, sentado en un trono y sosteniendo lo que parece ser un cetro o vara. A ambos lados de él se encuentran dos figuras mayores, presumiblemente consejeros o dignatarios religiosos, caracterizados por sus ropajes ceremoniales y expresiones solemnes. Su posición elevada los sitúa como observadores distantes e imperturbables del sufrimiento que ocurre abajo.
El plano inferior está poblado por una multitud de personajes en un estado de agitación visible. Una mujer, sentada en primer plano a la izquierda, sostiene un niño en sus brazos, con el rostro marcado por la angustia y las lágrimas. A su alrededor se apiñan otras mujeres y niños, algunos llorando o mostrando signos de desesperación. La composición está dominada por una paleta de colores cálidos: rojos intensos en las vestimentas de los personajes del balcón contrastan con los tonos más apagados de la multitud inferior.
Un grupo de soldados armados, vestidos con ropajes que sugieren un poder militar, se interponen entre la multitud y el balcón. Sus posturas son amenazantes; algunos empuñan lanzas o espadas, mientras que otros parecen estar controlando a la multitud por la fuerza. La disposición de estos soldados crea una barrera física y simbólica entre los que sufren y aquellos que ostentan el poder.
La pintura transmite un fuerte mensaje sobre la injusticia, la opresión y la vulnerabilidad humana frente al abuso de autoridad. El contraste entre la indiferencia o la distancia de las figuras del balcón y la desesperación palpable de la multitud inferior sugiere una crítica implícita a la falta de compasión y a la desigualdad social. La composición, con su marcada división espacial y el uso expresivo del color, intensifica la sensación de dramatismo y enfatiza la carga emocional de la escena. La presencia de los niños en primer plano acentúa aún más la tragedia representada, apelando directamente a la empatía del espectador.