Duccio di Buoninsegna – The Madonna of the Franciscans, 1287-88, panel painti
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Enmarcando a la mujer y al niño, dos ángeles con alas doradas se ubican en los laterales superiores, sus rostros también orientados hacia abajo, como si participaran en la escena de veneración. El fondo es un mosaico de pequeños cuadrados azules, dispuestos de manera regular que crea una textura visualmente interesante y posiblemente simboliza el cielo o el reino divino.
En la parte inferior de la composición, se aprecia una multitud de figuras humanas arrodilladas, con los rostros dirigidos hacia arriba en señal de adoración. Estas figuras son representadas de forma muy abreviada, casi como siluetas, enfatizando su papel subordinado frente a la divinidad representada en el centro. La paleta cromática es limitada: predominan el azul profundo del manto, el rojo del vestido interior y los tonos dorados utilizados para las aureolas y las alas de los ángeles. La aplicación de la pintura parece ser directa, con una falta de modelado anatómico detallado, lo que contribuye a un carácter estilizado y simbólico más que realista.
Subtextualmente, esta obra sugiere una jerarquía divina claramente definida. La mujer central, presumiblemente una figura maternal, es el punto focal de la adoración, mientras que los ángeles actúan como intermediarios entre ella y los fieles representados en la base. La disposición vertical acentúa la trascendencia de la escena, elevando a la figura principal por encima del mundo terrenal. La repetición de la mirada descendente en todos los personajes refuerza el tema de la sumisión y la veneración. El uso de colores simbólicos –el azul asociado con la divinidad y la realeza, el rojo con la pasión y el sacrificio– intensifica aún más el significado religioso de la pintura. La simplicidad formal y la esquematización de las figuras sugieren una intención didáctica: comunicar un mensaje espiritual a un público posiblemente analfabeto, utilizando imágenes fácilmente comprensibles.