J. Paul Getty Museum – La Ire Lauren de (Paris 1606-1656) - Glaucus and Scilla (146x118 cm) 1640-44
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En lo alto, sobre un saliente pétreo, reposa una mujer de belleza idealizada. Su postura es relajada, casi indolente, y su mirada se dirige hacia abajo con una expresión ambivalente, difícil de interpretar como pura compasión o indiferencia. Viste una túnica blanca parcialmente descorrida, revelando parte de su torso, lo que acentúa la atmósfera sensual del conjunto. Un manto rojo intenso contrasta con la palidez de su piel y añade un elemento de teatralidad a la escena. A su lado, un pequeño ángel alado parece observador silencioso, casi cómplice, de lo que acontece.
En la parte inferior de la composición, una figura masculina, de rostro canoso y expresión angustiada, se encuentra arrodillada en el borde del acantilado. Su atuendo, compuesto por elementos marinos como algas y conchas, sugiere su conexión con el océano. En sus manos sostiene un instrumento que recuerda a una trompeta marina, posiblemente utilizado para invocar o apaciguar a la entidad femenina superior. La desesperación en su rostro es palpable; sus manos alzadas implican súplica, arrepentimiento o quizás una invocación fallida.
El paisaje que sirve de telón de fondo es igualmente significativo. El agua tranquila refleja el cielo, creando una sensación de profundidad y vastedad. La vegetación densa, con árboles frondosos y plantas acuáticas, contribuye a la atmósfera de misterio y aislamiento. La luz, aunque difusa, ilumina los rostros de las figuras principales, acentuando sus emociones y dirigiendo la atención del espectador hacia el núcleo dramático de la escena.
Subtextualmente, la pintura parece explorar temas como el amor no correspondido, la desesperación, la tentación y la naturaleza dual del deseo. La figura femenina, situada en una posición de superioridad física y aparente poder, podría representar una fuerza irresistible o un objeto de anhelo inalcanzable. El hombre arrodillado encarna la vulnerabilidad humana frente a fuerzas superiores, ya sean divinas, naturales o emocionales. La presencia del ángel introduce una dimensión espiritual, sugiriendo quizás la intervención divina o la inevitabilidad del destino. La composición en su conjunto evoca un sentimiento de melancolía y tragedia, invitando a la reflexión sobre la condición humana y los límites del deseo.