J. Paul Getty Museum – Rembrandt Harmenszoon van Rijn (1606 Leiden - 1669 Amsterdam) - Daniel and King Cyrus at the idol of Baal (23x30 cm) 1633
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A su izquierda, una figura más joven, vestida con ropas menos suntuosas y de porte humilde, se inclina ante él. La postura del joven sugiere reverencia o súplica, aunque su rostro permanece en gran medida oculto a la luz, impidiendo discernir completamente sus intenciones. A los pies del rey, sobre una plataforma elevada cubierta por un tapiz rojo ricamente bordado, se vislumbra una escultura de carácter pagano, presumiblemente un ídolo. La presencia de esta imagen religiosa contrasta con el esplendor real y añade una capa de complejidad a la narrativa.
El uso magistral del claroscuro es notable; las zonas iluminadas irradian calidez y detalle, mientras que las áreas oscurecidas sugieren misterio y posibles secretos. Esta técnica no solo dirige la mirada del espectador sino que también contribuye a crear una atmósfera de tensión e incertidumbre. La composición está cuidadosamente equilibrada, con el rey como eje central y los otros personajes orbitando alrededor de él.
Subtextualmente, la pintura parece explorar temas de poder, fe y lealtad. El rey representa la autoridad secular, mientras que el joven podría simbolizar la devoción religiosa o una súplica por clemencia. La presencia del ídolo introduce un elemento de conflicto entre las creencias tradicionales y la influencia externa. La ambigüedad en la expresión del rey invita a la reflexión sobre su papel en esta confrontación: ¿es un gobernante tolerante, un conquistador impío, o simplemente un hombre indeciso ante una encrucijada moral? La obra, por tanto, no ofrece respuestas fáciles sino que plantea preguntas sobre la naturaleza del poder y la complejidad de las relaciones entre el individuo y sus creencias. El pequeño tamaño de la pintura sugiere quizás una pieza destinada a ser contemplada en privado, fomentando una experiencia íntima y reflexiva para el espectador.