J. Paul Getty Museum – Winterhalter Franz Xavier (1805 Menzenschwand - 1873 Frankfurt) - Portrait of Princess Leonilla (142x212 cm) 1843
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En este óleo sobre lienzo se observa a una mujer reclinada en un diván ricamente adornado. La figura central ocupa la mayor parte de la composición, presentando una postura relajada pero digna. Viste un vestido blanco de corte elegante, con detalles sutiles en rosa y un chal oscuro que contrasta con la palidez de su piel. El atuendo sugiere un estatus social elevado; los materiales y la confección denotan opulencia y buen gusto.
La mujer sostiene un abanico cerrado en una mano y lleva joyas discretas, como un collar de perlas y brazaletes dorados. Su mirada es directa al espectador, transmitiendo una mezcla de serenidad y cierta reserva. La expresión facial no revela emociones intensas, pero sí una consciencia de su propia belleza y posición.
El fondo del retrato está compuesto por cortinajes rojos que enmarcan la escena y un paisaje distante con montañas y agua. Este telón de fondo no distrae la atención de la figura principal, sino que contribuye a crear una atmósfera íntima y refinada. La luz incide sobre el rostro y el cuerpo de la mujer, resaltando sus formas y texturas.
La representación del diván y los textiles circundantes sugiere un interior lujoso, posiblemente un salón o boudoir. El uso de colores cálidos y ricos, como el rojo y el dorado, refuerza la idea de prosperidad y sofisticación. La presencia de plantas en macetas añade un toque de naturaleza al espacio.
Subtextos potenciales:
La imagen podría interpretarse como una representación del poder y la riqueza aristocrática. La mujer retratada no es simplemente un individuo, sino un símbolo de su clase social y linaje. Su postura relajada y su mirada segura sugieren confianza en sí misma y en su posición privilegiada. El abanico cerrado puede aludir a secretos o misterios ocultos, mientras que el paisaje distante podría representar aspiraciones o deseos inalcanzables. La composición general transmite una sensación de calma y estabilidad, pero también cierta distancia emocional. Se percibe un énfasis en la belleza idealizada y la elegancia formal, características propias del retrato cortesano de la época.