The Conversion of Saul Veronese (Paolo Cagliari) (1528-1588)
Veronese – The Conversion of Saul
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Pintor: Veronese (Paolo Cagliari)
Ubicación: Hermitage, St. Petersburg (Эрмитаж).
En las artes visuales del siglo XVI -la época del crepúsculo del Renacimiento- el tema del cambio espiritual completo era muy popular. Tras el himno renacentista de la sensualidad y la materialidad, llegaron otros tiempos en los que todo empezó a perder su relevancia. Y los artistas encuentran nuevas ideas de expresión según el estado de ánimo de la sociedad. Paolo Veronese, de la escuela veneciana, no fue una excepción y recurrió al que probablemente sea el tema religioso más utilizado por los pintores: la historia de Saulo. En los "Hechos de los Apóstoles" bíblicos se relata que Saulo no sólo odiaba a los cristianos, sino que intentaba combatirlos a ellos y a las enseñanzas de Cristo de todas las maneras posibles.
Descripción del cuadro de Paolo Veronese La conversión de Saulo
En las artes visuales del siglo XVI -la época del crepúsculo del Renacimiento- el tema del cambio espiritual completo era muy popular. Tras el himno renacentista de la sensualidad y la materialidad, llegaron otros tiempos en los que todo empezó a perder su relevancia.
Y los artistas encuentran nuevas ideas de expresión según el estado de ánimo de la sociedad. Paolo Veronese, de la escuela veneciana, no fue una excepción y recurrió al que probablemente sea el tema religioso más utilizado por los pintores: la historia de Saulo.
En los "Hechos de los Apóstoles" bíblicos se relata que Saulo no sólo odiaba a los cristianos, sino que intentaba combatirlos a ellos y a las enseñanzas de Cristo de todas las maneras posibles. Fue a la ciudad de Damasco para ser el líder de los perseguidores de los cristianos. Pero en el camino Saúl fue alcanzado por un rayo de luz divina que lo cegó. Entonces oyó una voz que le preguntaba por qué le perseguía Saúl. Conmocionado, el antiguo antagonista Saulo desaparece y en su lugar llega otro Saulo, un fiel seguidor de Jesús, que desde entonces se ha convertido en el apóstol Pablo.
El centro de la composición es el caballo de Saúl que ha caído al suelo. Parece como si un rayo del cielo poseyera una poderosa fuerza que dispersa todo a su alrededor: los árboles son desviados a un lado como por una explosión, los caballos son arrancados de las manos de sus jinetes y se precipitan, la gente corre y cae. El propio Saulo está postrado en el suelo, aturdido por la conversión de Dios. Su cuerpo está pintado en la misma perspectiva que a Miguel Ángel le gustaba aplicar en sus lienzos.
El cuadro carece de la claridad, la precisión y la teatralidad deliberada del Renacimiento en el tema: los personajes se superponen y chocan entre sí, y algunos de ellos están pintados sólo parcialmente, como si salieran del lienzo. Al mismo tiempo, es como si se invitara al espectador a imaginar la totalidad del cuadro por sí mismo.
Todas estas técnicas constituían una novedad en la pintura de la época y representaban un fuerte contraste con los cuadros del Renacimiento, en los que todos los personajes tenían su lugar y el lugar de la acción se limitaba estrictamente al marco del cuadro.
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Alrededor de él, un grupo de jinetes avanza a caballo, creando una sensación de urgencia y dinamismo. Los caballos están representados con gran realismo, sus musculaturas tensas y sus expresiones reflejando el desconcierto ante lo ocurrido. La luz, intensa y focalizada, emana desde la parte superior central del cuadro, iluminando al hombre caído y acentuando su importancia en la narrativa. Esta luz no es naturalista; más bien, parece una manifestación divina, un elemento sobrenatural que interviene directamente en el acontecimiento.
Las figuras secundarias muestran reacciones variadas: asombro, temor, confusión. Algunas parecen intentar ayudar al hombre caído, mientras que otras se mantienen a distancia, observando la escena con cautela. La paleta de colores es rica y terrosa, dominada por tonos ocres, marrones y rojos, que contribuyen a crear una atmósfera de tensión y solemnidad.
Subtextualmente, la obra parece explorar temas como la humildad, el arrepentimiento y la transformación espiritual. El hombre caído representa un cambio radical en su destino, una renuncia al poder terrenal para abrazar una nueva fe. La luz divina simboliza la intervención celestial, la guía y la redención. La multitud de jinetes podría interpretarse como la fuerza del destino o el peso de las convenciones sociales que el hombre está desafiando. El desorden general sugiere la ruptura con lo establecido, un momento de crisis que conduce a una nueva comprensión. La pintura invita a reflexionar sobre la fragilidad humana y la posibilidad de redención incluso en los momentos más oscuros.