Per Ekström – Landscape with a Running Brook. Scene from the Carolles in Normandy
Ubicación: National Museum (Nationalmuseum), Stockholm.
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La vegetación es esencial para la construcción de la atmósfera general. Los árboles, desprovistos en gran medida de follaje, se alzan como siluetas grises contra el cielo opaco, enfatizando la sensación de quietud y melancolía. La hierba, pintada con pinceladas rápidas y vibrantes, aporta una nota de vitalidad que contrasta con la frialdad del cielo y los troncos desnudos. Se perciben algunos animales pastando en la distancia, integrados sutilmente en el paisaje, casi como si fueran parte de la propia atmósfera.
En primer plano, dos figuras humanas se adentran por la pendiente, su presencia apenas perceptible, sugiriendo una conexión íntima con el entorno natural. No son protagonistas, sino más bien observadores silenciosos del flujo constante del arroyo y la quietud del paisaje.
La paleta de colores es restringida: predominan los tonos verdes apagados, grises y marrones, que contribuyen a crear una impresión general de serenidad y contemplación. La técnica pictórica se caracteriza por su espontaneidad; las pinceladas son visibles y expresivas, transmitiendo la inmediatez de la experiencia visual.
Más allá de la representación literal del paisaje, esta obra parece explorar temas relacionados con la fugacidad del tiempo, la conexión entre el hombre y la naturaleza, y la búsqueda de la paz interior en la contemplación del mundo rural. La ausencia de elementos dramáticos o narrativos sugiere una invitación a la reflexión silenciosa sobre la belleza simple y efímera de la vida cotidiana. El arroyo, con su movimiento constante, podría interpretarse como un símbolo de la continuidad y el cambio incesante, mientras que los árboles desnudos evocan la idea de renovación y esperanza tras la adversidad.