Oscar Demejo – #15877
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El cielo, de un tono azul pálido, contrasta con el terreno arenoso que se extiende hasta donde alcanza la vista. Una luna creciente, ubicada en la parte superior central del lienzo, añade un elemento onírico a la escena. La iluminación es uniforme y suave, sin sombras marcadas, lo que contribuye a una sensación de atemporalidad y quietud.
En el primer plano, cuatro figuras humanas se encuentran dispersas sobre la arena. Tres de ellas, vestidas con túnicas blancas, parecen observadoras o contemplativas ante la grandiosidad de la esfinge. La cuarta figura, ataviada con un atuendo rojo, parece interactuar con las otras tres, posiblemente en una conversación o ritual. Estas figuras humanas introducen una dimensión narrativa a la pintura, invitando a la reflexión sobre la relación entre el hombre y lo monumental, entre la fragilidad humana y la perdurabilidad del tiempo.
La paleta de colores es limitada pero efectiva: tonos ocres y dorados predominan en el terreno, mientras que el azul del cielo y el blanco de las túnicas contrastan con ellos. La esfinge misma presenta una gama de grises y marrones, acentuando su apariencia pétrea y erosionada por los siglos.
Subliminalmente, la pintura parece explorar temas como la memoria, la historia, la civilización perdida y la contemplación del pasado. La monumentalidad de la esfinge sugiere un poderío antiguo y una sabiduría olvidada, mientras que las figuras humanas representan la búsqueda humana de significado y conexión con el legado cultural. La disposición de los elementos en la composición, con la esfinge como eje central y las pirámides como telón de fondo, crea una sensación de profundidad y perspectiva, invitando al espectador a sumergirse en este paisaje onírico y reflexionar sobre su propia relación con el tiempo y la historia. La firma del artista, ubicada en la esquina superior izquierda, introduce un elemento de autoría que ancla la obra en un contexto temporal específico, aunque la escena misma parece trascenderlo.