Luca Signorelli – Crucifixion
Ubicación: Lindenau Museum, Altenburg.
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La disposición de los personajes se articula alrededor de este núcleo central. A la izquierda, tres figuras femeninas se agolpan en un gesto de dolor y desesperación. Una de ellas, vestida de azul, inclina su cabeza con profunda tristeza; otra, ataviada de negro, se desploma sobre el suelo, sumida en una agonía palpable; la tercera, envuelta en un manto amarillo, parece ofrecer una súplica silenciosa al cielo. Su proximidad sugiere una relación íntima, posiblemente maternal o filial, intensificando la carga emocional de la escena.
En primer plano, a los pies del crucifijo central, se aprecia una figura masculina arrodillada, con el rostro inclinado en señal de duelo. Su postura y vestimenta sugieren un rol activo en la narración, quizás un testigo o participante directo en los eventos que se desarrollan.
El paisaje que sirve de telón de fondo es deliberadamente sobrio: un horizonte montañoso difuso bajo un cielo plomizo. Esta ausencia de detalles naturales contribuye a concentrar la atención del espectador en las figuras humanas y su sufrimiento. En el extremo derecho, una pequeña agrupación de soldados romanos, sobre caballos, se observa a distancia, como observadores impasibles de la ejecución. Su presencia subraya la naturaleza política y social del evento representado.
La paleta cromática es dominada por tonos terrosos y oscuros, acentuados por los contrastes entre las vestimentas de los personajes: el azul intenso, el negro profundo, el amarillo brillante. Esta elección contribuye a crear una atmósfera de solemnidad y dolor. El tratamiento de la luz, aunque uniforme, resalta la musculatura del cuerpo crucificado y enfatiza su vulnerabilidad.
Subyacentemente, la obra plantea interrogantes sobre la naturaleza del sufrimiento humano, la fe, el sacrificio y la redención. La representación no busca glorificar la violencia, sino más bien evocar una profunda reflexión sobre las consecuencias de la injusticia y la capacidad humana para la compasión. La disposición de los personajes, con sus gestos de dolor y desesperación, invita a la empatía y a la contemplación del misterio divino. La inclusión de los soldados romanos sugiere una crítica implícita al poder político y su capacidad para infligir sufrimiento.