Edouard Vuillard – img174
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A la base de este hato, tres figuras humanas se agrupan. Un hombre, vestido con ropa oscura y un gorro que le oculta parcialmente el rostro, está sentado en posición de reposo, aparentemente absorto en sus pensamientos o quizás atendiendo a una tarea específica. A su alrededor, dos mujeres jóvenes, ataviadas con ropas claras y sombreros, parecen estar realizando algún tipo de trabajo manual; una sostiene un objeto que podría ser una libreta o un documento, mientras la otra descansa sobre el césped, observando el entorno.
El paisaje que se extiende detrás del hato es sencillo pero evocador. Un campo abierto se pierde en la distancia, salpicado por árboles dispersos y la silueta de una oveja pastando tranquilamente. El cielo, representado con pinceladas rápidas y turbulentas, sugiere un clima inestable, quizás presagiando un cambio climático o simplemente reflejando la naturaleza impredecible del campo.
La paleta cromática es rica en tonos terrosos: amarillos, ocres, verdes y marrones predominan, evocando una sensación de calidez y conexión con la tierra. Sin embargo, también se aprecian toques de azul y gris en el cielo y las sombras, que aportan un contraste visual y emocional.
Más allá de la representación literal de una escena rural, esta pintura parece sugerir temas más profundos relacionados con el trabajo, la contemplación y la conexión humana con la naturaleza. La monumentalidad del hato puede interpretarse como una metáfora de la laboriosa tarea de la vida o de la abundancia que proviene de la tierra. El hombre sentado en silencio podría representar la reflexión individual, mientras que las mujeres trabajando juntas simbolizan la colaboración y el esfuerzo colectivo. La soledad de la oveja en el campo distante evoca un sentimiento de aislamiento y contemplación. En conjunto, la obra transmite una sensación de quietud y melancolía, invitando al espectador a reflexionar sobre la fragilidad de la existencia y la belleza efímera del mundo natural.