часть 4 -- European art Европейская живопись – Pieter Pietersz Aertsen Adoration of the Sheperds 85039 321
На эту операцию может потребоваться несколько секунд.
Информация появится в новом окне,
если открытие новых окон не запрещено в настройках вашего браузера.
Для работы с коллекциями – пожалуйста, войдите в аккаунт (abrir en nueva ventana).
Поделиться ссылкой в соцсетях:
No se puede comentar Por qué?
La mujer, vestida con ropas ricas y de color dorado, se inclina hacia el niño, extendiendo la mano en un gesto protector o benévolo. Su mirada es suave y concentrada, transmitiendo una sensación de devoción maternal. A su alrededor, un grupo heterogéneo de figuras pastorales se agolpa. Algunos observan con curiosidad, otros ofrecen presentes – frutas, pan, lo que parece ser carne –, mientras que otros más parecen distraídos o incluso preocupados por sus propias tareas. Un hombre mayor, con barba canosa y ataviado con un sombrero de paja, sostiene una lámpara, iluminando la escena con una luz tenue y cálida.
La presencia de los animales es significativa: bueyes, cabras y un perro se integran en el grupo, añadiendo una dimensión naturalista a la representación. El paisaje que sirve de telón de fondo está parcialmente oculto por la multitud de personajes, pero se intuyen elementos arquitectónicos y vegetación exuberante.
Más allá de la narración literal del evento representado, la pintura sugiere una reflexión sobre la humildad y la generosidad. La riqueza de los atuendos contrasta con la sencillez del pesebre y el entorno rural, sugiriendo quizás una crítica implícita a las convenciones sociales o una invitación a valorar lo esencial por encima de lo material. La diversidad de expresiones en los rostros de los presentes apunta a una complejidad emocional que va más allá de la simple adoración; se vislumbra un abanico de reacciones ante un evento trascendental, desde la reverencia hasta la indiferencia, pasando por la curiosidad y el asombro. La inclusión de elementos cotidianos –la lámpara, los alimentos ofrecidos– humaniza la escena, acercándola a la experiencia del espectador y sugiriendo que lo divino puede encontrarse en lo mundano.