Richard Parkes Bonington – Landscape near Quilleboeuf, France
Ubicación: Yale Center for British Art, Paul Mellon Collection, New Haven.
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El primer plano muestra un terreno húmedo y oscuro, salpicado de vegetación baja y algunos restos de embarcaciones varadas, sugiriendo un lugar de trabajo o actividad portuaria abandonada. Dos caballos, uno blanco y otro negro, están atados a una cerca rústica, observando la escena con aparente quietud. Su presencia introduce una nota de vida en el paisaje, aunque su postura transmite una sensación de resignación o espera.
La línea costera se define por un horizonte difuso donde las formas se desdibujan en la niebla. Se distinguen edificios y estructuras que sugieren un pequeño puerto o asentamiento humano, pero estos elementos están integrados con el entorno natural, perdiendo contornos precisos. Un barco de vela, anclado en la bahía, añade una dimensión marítima a la composición, aunque su tamaño y posición lo hacen parecer vulnerable ante la inmensidad del cielo.
El cielo es quizás el elemento más impactante de la pintura. La pincelada amplia y suelta crea un efecto de movimiento y turbulencia, con nubes grises que se arremolinan y se dispersan. La luz, aunque tenue, irrumpe entre las nubes, iluminando parcialmente el paisaje y acentuando la sensación de inestabilidad atmosférica.
La paleta cromática es limitada, dominada por tonos terrosos, grises y azules apagados. Esta elección contribuye a crear una atmósfera sombría y contemplativa. El uso del color no busca la representación literal de la realidad, sino más bien evocar un estado de ánimo particular: uno de introspección, melancolía y quizás, una sutil evocación de la fugacidad del tiempo.
Subtextualmente, la pintura podría interpretarse como una reflexión sobre el paso del tiempo y la relación entre el hombre y la naturaleza. La presencia de los caballos, símbolos tradicionales de trabajo y paciencia, contrasta con la inmensidad del paisaje y la incertidumbre del cielo, sugiriendo una lucha silenciosa por la supervivencia o la adaptación a un entorno cambiante. La atmósfera brumosa y la falta de figuras humanas refuerzan esta sensación de soledad y aislamiento, invitando al espectador a una reflexión personal sobre su propia existencia en el contexto del mundo natural.