Winslow Homer – Weaning the Calf
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En primer plano, un niño, ataviado con ropas sencillas y un gorro que le cubre parcialmente el rostro, conduce con una cuerda a un ternero joven. La postura del muchacho es tensa, su cuerpo inclinado hacia adelante, sugiriendo un esfuerzo por controlar al animal. A su lado, dos figuras infantiles permanecen de pie, observando la escena con una expresión difícil de precisar; quizás curiosidad, o tal vez una resignación ante el proceso que se desarrolla.
La luz es difusa y uniforme, creando una atmósfera serena y melancólica. El cielo, ligeramente nublado, contribuye a esta sensación de quietud. La paleta cromática es terrosa, con predominio de verdes, ocres y marrones, colores propios del entorno rural. Se aprecia un sutil juego de luces y sombras que modela las figuras y los volúmenes, otorgándoles una cierta solidez y realismo.
Más allá de la representación literal de una actividad agrícola – presumiblemente el destete del ternero –, la pintura parece sugerir reflexiones sobre la infancia, el trabajo infantil y la transición. El niño que conduce al animal encarna la responsabilidad temprana, la necesidad de asumir tareas en un contexto rural marcado por la economía familiar. La presencia de los otros niños sugiere una comunidad, un grupo social donde las obligaciones se comparten y las experiencias se transmiten.
El paisaje, con su vastedad y su aparente inalterabilidad, podría interpretarse como un símbolo de la tradición, de un modo de vida arraigado en la tierra. Los montones de heno, monumentos efímeros a la cosecha, aluden al ciclo natural de la vida y la muerte, a la dependencia del hombre con respecto a los ritmos de la naturaleza.
En definitiva, la obra no se limita a ser una simple descripción de un paisaje rural; es una evocación poética de un mundo en desvanecimiento, donde la inocencia infantil se enfrenta a las exigencias de la vida adulta y donde el trabajo manual se convierte en una forma de aprendizaje y de conexión con la tierra. La quietud generalizada invita a la contemplación, a la reflexión sobre los valores fundamentales que sustentan una comunidad rural.