Gustave Loiseau – Dieppe 1905
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El autor ha empleado pinceladas rápidas y fragmentadas para representar la nieve, lo que le confiere una textura vibrante y un aspecto casi palpable. La técnica contribuye a transmitir la sensación de frío y la inestabilidad del terreno cubierto por el hielo. Los colores predominantes son tonos fríos: blancos, grises, azules y ocres apagados, aunque se perciben destellos de rojo en algunas figuras humanas y en una estructura arquitectónica situada en primer plano.
En la explanada, se observan varias figuras humanas, vestidas con abrigos oscuros, que parecen caminar o deslizarse sobre el hielo. Sus siluetas son vagas e indefinidas, lo que las convierte en elementos más bien atmosféricos que individuales. La presencia de estas personas sugiere una actividad cotidiana interrumpida por la llegada del invierno y la consecuente inmovilidad impuesta por las condiciones climáticas.
La composición es asimétrica; el peso visual se concentra en la parte central e izquierda, donde se ubican los edificios y las figuras humanas. El cielo, aunque cubierto de nubes, permite entrever destellos de luz que acentúan la sensación de frialdad y desolación.
Más allá de una simple representación del paisaje invernal, la obra parece aludir a temas como la transitoriedad, la soledad y la fragilidad humana frente a las fuerzas de la naturaleza. La ciudad lejana, con su torre imponente, podría interpretarse como un símbolo de esperanza o refugio, aunque permanece distante e inalcanzable en este contexto gélido. La ausencia casi total de color cálido refuerza el sentimiento general de melancolía y aislamiento que emana del cuadro.