Gustav Klimt – Mäda Primavesi
Ubicación: Metropolitan Museum of Arts, New York.
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En el lienzo se observa a una niña de pie, ocupando casi toda la verticalidad del encuadre. Su mirada es directa al espectador, aunque carece de expresión definida; su rostro presenta un cierto distanciamiento emocional. Viste un vestido blanco, aparentemente ligero y con detalles florales bordados en la zona del pecho y las mangas cortas. El atuendo se complementa con zapatos claros y medias blancas. Un adorno floral azul adorna su cabello.
El fondo es notablemente abstracto y ornamental. Se trata de una profusión de formas vegetales estilizadas, principalmente flores en tonos rosados y morados, que crean un ambiente casi irreal y envolvente. Esta vegetación no se limita a ser un mero decorado; parece extenderse como un tapiz o alfombra bajo los pies de la niña, difuminando la línea entre el espacio habitado y el entorno.
La paleta cromática es delicada y sutil, dominada por tonos pastel y una luminosidad general que sugiere una atmósfera onírica. La pincelada es visible, con trazos cortos y fragmentados que contribuyen a la sensación de vibración y movimiento en el fondo floral.
Subyacentemente, la obra parece explorar temas relacionados con la infancia, la inocencia y la transición entre la niñez y la madurez. El vestido blanco podría simbolizar la pureza, mientras que la mirada distante de la niña sugiere una cierta introspección o aislamiento. La exuberancia del fondo floral, aunque atractiva, también puede interpretarse como un elemento opresivo o abrumador, representando las complejidades del mundo exterior al que la niña está a punto de enfrentarse.
La composición, con la figura central rodeada por este intrincado entramado vegetal, podría evocar una sensación de protección y encierro simultáneamente. La presencia de elementos como frutas (una manzana) y aves en el suelo añaden un componente simbólico adicional, aunque su significado preciso permanece abierto a la interpretación. En general, la pintura transmite una atmósfera melancólica y contemplativa, invitando al espectador a reflexionar sobre la fragilidad y la belleza efímera de la infancia.