Rijksmuseum: part 2 – Courbet, Gustave -- Stilleven met appels, 1872
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El plano frontal está ocupado por estas frutas, que se encuentran sobre una superficie terrosa, de color marrón oscuro, que aporta una sensación de solidez y peso a la escena. La iluminación es desigual; algunas manzanas están bañadas en luz, revelando sus texturas rugosas y pequeñas imperfecciones, mientras que otras permanecen sumidas en la sombra, lo que contribuye a un efecto de volumen y profundidad.
En el fondo, se intuyen elementos del paisaje: una masa oscura, posiblemente la copa de un árbol o arbusto, ocupa gran parte del espacio superior izquierdo, creando una barrera visual que limita la perspectiva. Más allá de esta oscuridad, se vislumbra un cielo nublado con tonalidades grises y rojizas, indicando quizás el crepúsculo o un amanecer. La atmósfera es densa, casi opresiva, lo que acentúa la sensación de intimidad y quietud del bodegón.
La ausencia de elementos decorativos o referencias alegóricas sugiere una intención de representar la realidad tal como es, sin idealizaciones ni artificios. El enfoque se centra en la materialidad de las manzanas, su forma, color y textura. La elección de un tema tan cotidiano, combinado con la técnica pictórica aparentemente sencilla, podría interpretarse como una declaración sobre la belleza inherente a lo ordinario, una reivindicación del mundo rural y de los objetos humildes. La atmósfera melancólica que emana de la obra invita a la reflexión sobre el paso del tiempo y la fugacidad de la existencia. La sombra proyectada por el objeto oscuro en el fondo podría simbolizar un velo que oculta algo más, una sugerencia de lo desconocido o de la fragilidad de la vida.