Rijksmuseum: part 2 – Grueber, Johann Friedrich -- Stilleven, 1662-1681
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A la izquierda, un conjunto de instrumentos musicales domina la escena. Un violonchelo, con su forma elegante y curvada, se inclina hacia el espectador, mientras que a su lado se apilan otros instrumentos de viento: flautas, un oboe y lo que parece ser una trompa. Una partitura musical, parcialmente desplegada, descansa sobre la base del violonchelo, insinuando la música como elemento central en esta representación.
En el centro, un velo blanco drapeado sirve como soporte para una máscara teatral dorada y un abanico ornamentado. La máscara, con su expresión neutra pero sugerente, evoca temas de teatro, ilusión y la dualidad entre apariencia y realidad. El abanico, delicadamente decorado, añade un toque de sofisticación y elegancia a la composición.
A la derecha, una cesta rebosa de frutas frescas: uvas, melones, higos y otras variedades que sugieren la riqueza de la cosecha y el placer sensorial. La fruta se presenta con gran detalle, evidenciando la maestría del artista en la representación de texturas y reflejos. Junto a la cesta, una serie de recipientes de vidrio contienen líquidos oscuros, posiblemente vino o algún tipo de licor, reforzando la idea de indulgencia y disfrute.
La iluminación es teatral, con fuertes contrastes entre luces y sombras que acentúan el volumen y la textura de los objetos. La luz parece provenir de una fuente externa, iluminando selectivamente ciertos elementos y sumiendo otros en la penumbra. Esta técnica contribuye a crear una atmósfera misteriosa y contemplativa.
Más allá de la mera representación de objetos, esta composición sugiere una reflexión sobre el tiempo, la fugacidad de la vida y la naturaleza efímera del placer. La combinación de instrumentos musicales, máscara teatral y frutas frescas puede interpretarse como una alegoría de las artes, el teatro y los placeres terrenales, todos sujetos a la decadencia y al olvido. La presencia de la partitura musical, con sus notas escritas, podría simbolizar la fragilidad del arte y su capacidad para trascender el tiempo, aunque también recordarnos su naturaleza transitoria. En definitiva, se trata de una pintura que invita a la reflexión sobre la condición humana y la belleza efímera del mundo.