Rijksmuseum: part 2 – Brisé, Cornelis -- Vanitas stilleven, 1665
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Aquí se presenta una composición de naturaleza muerta que invita a la reflexión sobre la fugacidad del tiempo y la vanidad de los logros terrenales. La escena está dispuesta sobre un banco o mesa de madera oscura, cuyo fondo se difumina en una atmósfera brumosa, sugiriendo una profundidad indefinida.
El conjunto de objetos exhibidos es notablemente heterogéneo. Se observan elementos asociados a la guerra: un casco con plumas rojas que le confieren cierta pompa, una armadura parcialmente visible y lo que parece ser una espada o lanza. Estos símbolos aluden al poder militar, la valentía y el honor, pero su disposición descuidada, casi amontonada, sugiere una pérdida de importancia o un declive.
Junto a estos objetos bélicos, se encuentran elementos relacionados con el conocimiento y las artes: libros abiertos, pergaminos con escritura visible, y lo que podría ser una partitura musical. La presencia de la música, en particular, introduce una dimensión estética y cultural al conjunto. Sin embargo, también estos elementos parecen abandonados o sin usar, como si su valor intrínseco se viera disminuido por el paso del tiempo.
Un elemento particularmente llamativo es un cráneo humano, situado estratégicamente entre los libros y la armadura. Este objeto, arquetípico de las vanitas, actúa como una poderosa alegoría de la mortalidad y la inevitabilidad de la muerte, recordándonos que todas las ambiciones y posesiones son efímeras ante el destino final.
La luz en la pintura es tenue y difusa, creando un ambiente melancólico y contemplativo. La paleta de colores se centra en tonos oscuros y terrosos, con toques de azul y rojo que resaltan ciertos elementos. El uso del claroscuro acentúa el dramatismo de la escena y dirige la atención hacia los objetos más significativos.
En general, la pintura transmite un mensaje moralizante sobre la transitoriedad de la vida y la importancia de buscar valores más duraderos que aquellos ofrecidos por la riqueza, el poder o la fama. La acumulación de símbolos aparentemente contradictorios –guerra y conocimiento, pompa y decadencia– genera una tensión visual que invita a la reflexión profunda sobre el sentido de la existencia humana. El autor parece querer advertir al espectador sobre la fragilidad de las ambiciones mundanas y la necesidad de considerar la mortalidad como un recordatorio constante para vivir con virtud y sabiduría.