Rijksmuseum: part 2 – Maratti, Carlo -- De evangelist Johannes op Patmos, 1680-1720
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En primer plano, un hombre de cabellos largos y barba incipiente se encuentra sentado sobre una roca, vestido con una túnica roja que contrasta con una camisa verde. Su mirada está dirigida hacia la figura celestial, mientras sostiene en su mano derecha lo que parece ser un instrumento de escritura – posiblemente un pincel o pluma – apuntando hacia arriba. A sus pies, dos querubines se encuentran: uno, de pie, le ofrece una pequeña copa; el otro, reclinado sobre un libro abierto, observa la escena con expresión contemplativa. A la izquierda, un monstruoso animal, quizás una criatura simbólica o alegórica, descansa junto a otros volúmenes encuadernados.
La composición se articula en torno a una clara jerarquía visual. La luz resalta la figura celestial, otorgándole una importancia trascendental. El hombre, aunque situado en primer plano, parece estar recibiendo una revelación o dictado divino. Los querubines, con su inocencia y cercanía, refuerzan el carácter sagrado del momento.
El paisaje que se adivina tras la figura central es escaso: un árbol solitario emerge de entre las sombras, sugiriendo un entorno agreste y aislado, propio de una experiencia mística o visionaria. La oscuridad en la parte inferior de la imagen crea una sensación de profundidad y misterio, acentuando el contraste con la luminosidad superior.
Subtextualmente, la obra parece explorar temas como la inspiración divina, la escritura sagrada y la transmisión del conocimiento. El gesto del hombre apuntando hacia arriba sugiere un acto de transcripción o interpretación de una verdad revelada. La presencia del animal a su izquierda podría simbolizar las fuerzas oscuras o los desafíos que el profeta debe superar para acceder a esa iluminación. La disposición de los querubines, uno ofreciendo y otro observando, podría representar la dualidad entre la gracia divina y la contemplación humana. En definitiva, se trata de una representación cargada de simbolismo religioso, donde la luz y las figuras celestiales contrastan con la oscuridad terrenal para evocar un momento de revelación espiritual.