The Italian artists – Martini, Francesco di Giorgio (Italian, 1439-1501) fmartini3
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La disposición de los personajes es cuidadosamente orquestada. A la izquierda, un ángel, vestido con ropajes vaporosos y de colores vivos, se presenta con una actitud musical, sosteniendo un instrumento de viento. Su presencia introduce una nota de alegría y celebración. A su lado, dos ancianos, vestidos con túnicas doradas y ocres, observan con atención a un niño que reposa sobre el suelo, en posición vulnerable pero serena. Uno de ellos se apoya en un bastón, gesto que denota edad avanzada y posible fragilidad física.
En la parte derecha del conjunto, dos figuras masculinas, ataviadas con ropajes rojos y musculatura prominente, parecen ofrecer o presentar algo al grupo central. La postura de uno de ellos, inclinado hacia adelante, sugiere un acto de reverencia o sumisión. A sus pies, se aprecia una paloma blanca, símbolo recurrente asociado a la pureza y la divinidad.
El paisaje que sirve de telón de fondo es deliberadamente poco definido. Se intuyen montañas lejanas y vegetación exuberante, pero la falta de detalles precisos contribuye a crear una atmósfera atemporal y universal. La arquitectura del arco, con sus medallones decorativos, introduce un elemento de monumentalidad y solemnidad que refuerza el carácter sagrado de la escena.
El uso de la luz es notable. Una iluminación suave y uniforme baña las figuras, resaltando sus rostros y ropajes. La ausencia de sombras marcadas contribuye a crear una sensación de serenidad y paz.
Subtextualmente, la obra parece explorar temas relacionados con la divinidad, la veneración, el paso del tiempo y la fragilidad humana. La presencia del niño sugiere un evento trascendental, mientras que las figuras adultas representan diferentes actitudes ante este acontecimiento: alegría, contemplación, reverencia, quizás incluso incertidumbre. La arquitectura monumental y el paisaje idealizado sugieren una conexión entre lo terrenal y lo celestial, invitando a la reflexión sobre la naturaleza de la fe y la esperanza. La paloma blanca, como símbolo recurrente, refuerza esta idea de pureza y divinidad.