Friedrich Wilhelm Von Schadow – Portrait of a roman
Ubicación: Old and New National Galleries, Museum Berggruen (Alte und Neue Nationalgalerie, Museum Berggruen), Berlin.
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La paleta cromática es rica en tonos terrosos – marrones y ocres dominan el vestuario –, contrastando con la blancura del cuello y los reflejos luminosos sobre la piel. La iluminación es suave y difusa, modelando delicadamente las facciones de la retratada y creando una atmósfera de introspección. La luz parece provenir de un lado, acentuando la textura de su cabello recogido en un peinado elegante y revelando la sutil curva de su mandíbula.
El fondo es significativo. Se intuyen montañas distantes, delineadas contra un cielo azul pálido, y una extensión acuática que se pierde en la lejanía. Una profusa hiedra, con sus hojas oscuras y lustrosas, enmarca la parte superior de la imagen, creando una especie de cortina natural que acentúa la figura central y sugiere una conexión con la naturaleza o un entorno clásico idealizado.
La mirada de la mujer es directa, pero no agresiva; transmite una sensación de calma y confianza. No hay indicios de alegría exuberante ni de tristeza palpable; su expresión se inclina hacia una melancolía contenida, una quietud que invita a la reflexión.
El vestuario, aunque elegante, carece de ostentación excesiva. El manto oscuro sugiere un cierto misterio o incluso una pertenencia a una clase social elevada, mientras que el broche y el anillo son discretos pero revelan un estatus económico considerable. La elección del peinado, sencillo pero cuidado, refuerza la impresión de una mujer culta y refinada.
En términos subtextuales, la obra parece aludir a ideales clásicos de belleza y virtud. La referencia a la antigüedad romana, implícita en el título (aunque no visible directamente), podría sugerir una asociación con valores como la nobleza, la sabiduría y la fortaleza moral. La hiedra, símbolo de longevidad y conexión con lo ancestral, refuerza esta idea de un legado perdurable. La quietud de la mirada y la pose contenida sugieren una introspección profunda, una conciencia de su propio lugar en el mundo y una aceptación serena del destino. En definitiva, se trata de un retrato que busca trascender la mera representación física para evocar una imagen idealizada de la mujer romana: una figura de dignidad, inteligencia y belleza atemporal.