Pehr Hilleström (Attributed) – Selfportrait
Ubicación: National Museum (Nationalmuseum), Stockholm.
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El hombre viste una levita gris, atada con un pañuelo blanco al cuello, cuyo tejido se revela con delicados detalles de pliegue y textura. Su cabello, peinado con elaborada simetría propia del periodo, es de un tono plateado que contrasta sutilmente con la palidez de su piel. En su mano izquierda sostiene una paleta de pintor, mientras que en la derecha empuña un pincel, apoyando el brazo sobre lo que parece ser un caballete parcialmente visible a la derecha. Junto al pincel, se distingue un compás, elemento que podría sugerir una inclinación por la precisión y el cálculo, más allá de la mera expresión artística.
La iluminación es clara y focalizada en el rostro del retratado, resaltando sus facciones: unos ojos intensos, una nariz prominente y labios finos que delinean una boca ligeramente entreabierta, como si estuviera a punto de hablar. El tratamiento de la piel revela un estudio minucioso de las tonalidades y los matices, buscando captar no solo la apariencia física sino también una impresión de carácter e inteligencia.
Más allá de la representación literal, el retrato transmite una sensación de introspección y confianza en sí mismo. La mirada directa del retratado establece una conexión inmediata con el espectador, invitándolo a un encuentro personal. La presencia de los instrumentos de trabajo –paleta, pincel y compás– alude a su oficio, pero también podría interpretarse como símbolos de la creatividad, la disciplina y la búsqueda constante de la perfección. El fondo oscuro, casi absorto, contribuye a crear una atmósfera de solemnidad y misterio, sugiriendo que el retratado es un individuo complejo y reflexivo, consciente de su propia identidad y del papel que desempeña en el mundo. La postura, aunque formal, no carece de naturalidad; se intuye una cierta comodidad en la representación, como si el artista se conociera a sí mismo profundamente y se sintiera seguro al mostrarse al público.