Pehr Hilleström – Still Life
Ubicación: National Museum (Nationalmuseum), Stockholm.
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Observamos un trozo de carne, presentado sobre un plato de porcelana con un discreto borde decorado. Su textura es palpable, evidenciada por la pincelada que define su irregularidad y el brillo sutil que sugiere humedad. Junto a la carne, una hogaza de pan, de forma redondeada y coloración terrosa, aporta una sensación de rusticidad y abundancia.
Un elemento central es la botella de vidrio oscuro, con un tapón de corcho visible, junto a una copa de cristal transparente que refleja la luz. La botella se alza verticalmente, creando una línea ascendente que contrasta con la horizontalidad del resto de los objetos. El reflejo en el cristal sugiere una fuente de luz externa, aunque no identificable directamente en la composición.
Un cuchillo de mango negro y hoja plateada descansa sobre la superficie, insinuando un acto interrumpido o una preparación inminente. Una pequeña extremidad ósea, posiblemente perteneciente a algún ave, se encuentra cerca del plato, añadiendo un elemento de detalle que podría interpretarse como un vestigio de la caza o el proceso de alimentación.
La paleta cromática es limitada, dominada por tonos terrosos y oscuros: marrones, grises y ocres. Esta restricción contribuye a una atmósfera sombría y melancólica. La iluminación es tenue y dirigida, acentuando los volúmenes y texturas de los objetos, pero sin generar contrastes dramáticos.
Más allá de la mera representación de elementos cotidianos, esta pintura parece sugerir reflexiones sobre la fugacidad del tiempo, la transitoriedad de la vida y la inevitabilidad de la decadencia. La carne, el pan y el vino, símbolos tradicionales de sustento y placer, se presentan en un estado que insinúa su eventual deterioro. La ausencia de figuras humanas intensifica esta sensación de quietud y aislamiento, invitando a una contemplación silenciosa sobre la condición humana y la naturaleza efímera de las cosas materiales. El conjunto evoca una atmósfera de introspección y melancolía, donde la belleza reside en la simplicidad y la aceptación del paso del tiempo.