Boris Grigoriev – Portrait of Madame Barthelemy with a green fan
Ubicación: Private Collection
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La paleta cromática se centra en tonos fríos: grises, verdes apagados y blancos sutiles que dominan tanto la vestimenta de la retratada como el fondo. El vestido, de un grisáceo indefinido, parece confeccionado con un tejido ligero y fluido, evidenciado por los pliegues que caen sobre su cuerpo. Un delicado collar de perlas resalta contra la tez clara del cuello, aportando un toque de elegancia discreta.
En sus manos sostiene un abanico verde esmeralda, cuyo color vibrante contrasta con la sobriedad general de la composición. La forma en que lo sostiene, con los dedos ligeramente curvados y el anillo visible, sugiere una pose estudiada, pero no forzada; transmite una sensación de control y compostura.
El fondo, difuso y monocromático, se reduce a unas sugerencias de formas geométricas que podrían interpretarse como elementos decorativos del diván o la habitación donde se encuentra la retratada. Esta falta de detalles en el entorno contribuye a centrar la atención en la figura femenina, enfatizando su presencia y personalidad.
La técnica pictórica es notable por su pincelada suelta y expresiva. Las formas no están definidas con precisión, sino que se construyen mediante toques rápidos y gestos seguros. Esto confiere al retrato una sensación de espontaneidad y vitalidad, a la vez que sugiere una cierta fragilidad emocional.
Subtextualmente, el retrato parece explorar temas relacionados con la identidad femenina en un contexto social específico. La pose, la vestimenta y los accesorios sugieren una pertenencia a una clase alta o acomodada, pero también implican una cierta distancia emocional. El abanico, tradicionalmente asociado con la coquetería y el romance, aquí se presenta como un objeto más bien formal, casi ceremonial, que no parece estar vinculado a ninguna expresión de afecto. La mirada introspectiva de la retratada podría interpretarse como una reflexión sobre su papel en la sociedad o sobre las expectativas impuestas a las mujeres de su época. En definitiva, el retrato invita a la contemplación y a la interpretación personal, dejando al espectador la tarea de desentrañar los múltiples significados que se esconden tras la imagen.